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Deici Dávila Altamirano

Cerrar el congreso fujiaprista

Para que este congreso fujiaprista sea cerrado la mayoría de congresistas tendría que negar el voto de confianza a las medidas planteadas por el Ejecutivo

Deici Dávila Altamirano

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El presidente Martín Vizcarra acaba de plantear una cuestión de confianza atendiendo la indignación nacional frente a la actuación de la mayoría fujiaprista en el congreso, que impide aprobar los proyectos de reforma política y lucha contra la corrupción que fueron mayoritariamente respaldados en el referéndum de diciembre de 2018. La cuestión de confianza no es un golpe de Estado sino un mecanismo constitucional que se ampara en los artículos 133 y 134 de la Constitución. El planteamiento de Vizcarra permite retomar el discurso y practica en defensa de la lucha anticorrupción que quedó relegada desde que Salvador del Solar asumió el premierato.

Si bien los principales ex gobernantes (Toledo, Humala, Villarán y PPK) y líderes políticos (Keiko Fujimori) se encuentran investigados por la justicia y con restricciones a su libertad, los tentáculos de la corrupción seguirían enquistados en el congreso; de otra manera no se explica por qué los parlamentarios rechazan discutir la inmunidad parlamentaria convertida en impunidad, así como insisten en blindar al ex fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, quien formaría parte de los Cuellos Blancos del Puerto, una mafia conformada por jueces, fiscales, políticos y empresarios que se enquistó en las instituciones de justicia para usufructuarlas en favor de intereses personales.

Para que este congreso fujiaprista sea cerrado la mayoría de congresistas tendría que negar el voto de confianza a las medidas planteadas por el Ejecutivo. De darse este caso, Vizcarra podría cerrar el parlamento mediante decreto, el cual incluiría una convocatoria a nuevas elecciones legislativas dentro de los 4 meses posteriores a dicho cierre. Como no existe reelección congresal, al nuevo parlamento no podrían postular Mamanis, Bartras, Becerriles, Salgados, ni otros impresentables. Entre los partidos políticos que podrían obtener un número importante de curules en el nuevo congreso que se instalaría a fin de año estarían Acción Popular, Somos Perú e incluso Alianza para el Progreso.

Con esta decisión el país no ingresaría a una etapa de ingobernabilidad, pues la crisis política es generada principalmente por el congreso y los partidos manchados por la corrupción que pelean por sobrevivir. Los peruanos de a pie siguen trabajando para sacar adelante a sus familias y miran expectantes este lío en las alturas. Entre el cierre del congreso y la instalación del nuevo parlamento, el Ejecutivo gobernaría con decretos que serían revisados por la comisión permanente que seguiría funcionando. El nuevo parlamento tendría año y medio para legislar en favor de los intereses nacionales, siempre bajo el escrutinio público de los ciudadanos, pues nuestro voto no es un cheque en blanco.

Magíster en Sociología. Licenciada en Sociología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Conductora del programa de radio Marrones TV. Especialista en gestión de políticas públicas para atender a poblaciones vulnerables. Investigadora. Autora de artículos sobre democracia, inseguridad ciudadana y violencia. Vecina de San Juan de Lurigancho.

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Deici Dávila Altamirano

Vizcarra, casi un revolucionario

Deici Dávila Altamirano

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Martín Vizcarra, actual presidente del Perú, ha derrotado a su principal rival político que buscaba la ingobernabilidad para obtener el poder que no lograron en las urnas. Se trata del fujiaprismo, una asociación política-criminal enquistada en el Congreso que blindó a los corruptos y mafiosos. ¿Cómo lo hizo? Vizcarra conectó con el sentir popular y jaque mate. En este triunfo del presidente no podemos soslayar la estrepitosa caída de Keiko Fujimori como lideresa política y el suicidio de Alan García, acorralado por las pruebas de corrupción en su contra.

El presidente Vizcarra escuchó el sentir del pueblo peruano que le exigía el cierre del Congreso y no aceptó la convivencia con las mafias, como sí lo hicieron los ex presidentes Toledo, Humala, García y PPK, quienes deberán pagar con la cárcel la traición al pueblo peruano. La convivencia con las mafias y gobernar de espaldas a los intereses del pueblo fue una constante desde la derrota de la dictadura de Alberto Fujimori. A diferencia de PPK, quien buscaba “descubrir” que quería Keiko Fujimori para “dárselo”, Vizcarra enfrentó a la herencia Fujimori.

Antes del cierre constitucional del Congreso, el presidente Vizcarra propuso el adelanto de elecciones para que los peruanos eligiéramos una nueva representación de gobierno. El archivo del proyecto de adelanto de elecciones por la disuelta congresista Rosa Bartra fue el preludio del tan esperado cierre. “Ante la denegación fáctica de la confianza, y en respeto irrestricto de la Constitución Política, he decidido disolver constitucionalmente el Congreso y llamar a elecciones de congresistas de la República”, sentenció Vizcarra. Todo estaba consumado.

Los días posteriores al histórico 30 de setiembre de 2019 han descubierto los tentáculos de la mafia en el Tribunal Constitucional (TC). Un grupo de magistrados intentó, vanamente, llevarnos a la situación anterior al 30 de setiembre, intentando revivir a los muertos vivientes del disuelto Congreso y colocando un alfil pro libertad de Keiko Fujimori en el TC. Pero, nuevamente, ganó el pueblo peruano, que se expresa desde diversas plataformas en apoyo al presidente Vizcarra.

Hoy vivimos una situación política inédita en el país, casi revolucionaria, desde un sentido popular de necesidad de una renovación: Keiko Fujimori purga prisión al igual que su padre Alberto Fujimori y Alejandro Toledo. PPK está con arresto domiciliario, Humala a punto de ser condenado y Alan García se suicidó para huir de la justicia. El fujiaprismo está derrotado políticamente y los partidos que convivieron con la corrupción (incluida la izquierda) se encuentran totalmente debilitados. Se abre un tiempo de renovación política en el país: ¡No lo desaprovechemos!

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Deici Dávila Altamirano

El fujimorismo a punto de morir

Deici Dávila Altamirano

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El fujimorismo liderado por Keiko Fujimori, alias Señora K, juega mal sus cartas y está a punto de morir políticamente.

Todo empezó en 2017 cuando, en el afán de conseguir el poder que no pudo alcanzar con votos, el fujimorismo logró vacar a PPK y pretendió que Vizcarra sea un presidente blandengue. Pero no fue así. En medio de los destapes del caso Lavajato, el presidente Vizcarra dejó que la justicia actuara y Keiko Fujimori terminó en prisión acusada de recibir dinero ilícito de la empresa brasileña Odebrecht y por entorpecer el funcionamiento de la justicia.

¿Qué le queda al fujimorismo de cara a las elecciones del 2020? La periodista Rosa María Palacios dice que al fujimorismo le conviene el adelanto de elecciones, pues Keiko Fujimori podría ser candidata presidencial y encabezar la lista al congreso por Lima (la reforma política aprobada recientemente en el Congreso lo permite). Al ser elegida parlamentaria, Fujimori podría conseguir inmunidad. Lo que olvida Palacios es que la política no es simple matemática. Existe un hartazgo de los peruanos sobre la “vieja clase política” expresada en buena parte por las actuaciones del fujimorismo. Como lo señaló el sociólogo Julio Cotler, “el fujimorismo es lo más repulsivo del Perú” y actualmente esa aversión se expresa en la ausencia del 20% de voto duro fujimorista.

La repulsión contra el fujimorismo se expresará inevitablemente en la campaña. Ese 10% de apoyo popular que generosamente le otorgan las encuestas puede terminar en apenas un dígito y con ello enterrar su inscripción electoral. De allí, el fujimorismo tendrá que realizar alianzas políticas para subsistir. En el Congreso son todavía una fuerza numéricamente importante pero, una vez que se acabe la mamadera congresal, ¿qué organización política le podría dar la mano a una organización acusada de lavado de activos? Si el 2020 aparece como el horizonte cercano para renovar la política, ¿tendrá vida el fujimorismo en esa coyuntura? No lo creemos.

De cara a las próximas elecciones, el principal interés de los fujimoristas sobrevivientes será garantizar la impunidad sobre sus denuncias, lo cual podría sintonizar con un sector del APRA y algunos rostros que hoy funcionan como topos fujiapristas. ¿Qué rostro podría ofrecerles la posibilidad de conseguir algunos congresistas para batallar por la impunidad? ¿Pedro Olaechea, Kenji Fujimori, Roque Benavides? ¿Alguno de estos rostros puede refugiar al fujimorismo corrupto para que no desaparezca del escenario político? Corren las apuestas.

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Deici Dávila Altamirano

Tejeda y Pacheco, héroes populares

Deici Dávila Altamirano

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Las historias de Gladys Tejeda y Christian Pacheco, maratonistas y primeras medallas de oro para el Perú en los Juegos Panamericanos 2019, emocionan porque son historias compartidas por millones de peruanos. Tejeda y Pacheco, provincianos, sin apellidos ostentosos ni nacidos en cuna de oro, le deben solo a su esfuerzo y talento ubicarse hoy en el podio número 1 del más importante evento deportivo del continente.

Gladys Tejeda y Christian Pacheco brillan en medio de una clase política desprestigiada, donde ni los “nuevos” rostros y promesas se salvan. La clase política envilecida por la corrupción ya no genera decepción, pero sí hartazgo y la necesidad de tener gente “nueva” en quien confiar y sentirse orgullosos. En ese escenario aparecieron Carhuancho y Domingo Pérez, rostros provincianos reconocidos por enfrentarse sin titubeos a la corrupción, y ahora tenemos a Tejeda y Pacheco, también provincianos y destacados deportistas, cuyo principal objetivo expresado en “dejar en alto el nombre del país” conmueve.

Es más sencillo ser un deportista exitoso si se nació en una familia con recursos económicos. Por ello es mucho más destacable que Tejeda y Pacheco hayan logrado la gloria siendo de las clases populares de nuestra patria . Sin grandes marcas como sponsors, pero con esfuerzo y humildad, ambos maratonistas han logrado la admiración y cariño de la gente precisamente porque la mayoría de peruanos se sienten identificados con ellos por sus logros contra todo pronóstico.

El maratonismo puede convertirse en un deporte popular como el fútbol en el país, que fortalezca nuestra identidad colectiva pues, como el “deporte rey”, te permite competir más allá de tu origen socio-económico. El maratonismo trae a la memoria la famosa red de chasquis o corredores incas que cumplieron un rol importante para unir el Tawantisuyo del siglo XIII d.C. Que el reconocimiento para Tejeda y Pacheco, nuestros chasquis modernos, no sea flor de un día. modernos, no sea flor de un día.

(1) Recogiendo el comentario de mi estimado amigo Andrés Bonilla Townsend

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