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Noticias >> Oswaldo Carpio

CADE 2010, el futuro se construye hoy

Jorge Luis Borges, el famoso escritor argentino, escribía en paradojas. Afirmaba, por ejemplo, que “el futuro del hombre es el niño”. Es decir, no es de seres inteligentes hablar de los niños como el futuro de la patria cuando en el presente no están bien nutridos, excelentemente educados y gozan de buena salud. Hablar de los niños como el futuro de la patria cuando ellos están abandonados es absurdo y mentiroso. Federico Nietzsche el genial filósofo alemán nos llamaba a vivir en el presente. El pasado no existe. Tampoco el futuro. Existe el presente. No podemos vivir pegados al pasado ni soñar con el futuro si es que no actuamos en el presente. El futuro se construye hoy. Si hoy solamente nos quejamos, actuamos con desidia, no vivimos con heroísmo, no cambiamos nuestros viejos hábitos, no enfrentamos los retos diarios con esfuerzo, abandonando la vieja cultura que nos ata al atraso, no habrá futuro. Podremos llenarnos de palabras sobre el futuro pero serán simples palabras si no entendemos que el futuro es hoy.
 
Los retos del Perú son enormes. Sin duda vivimos un momento excepcional. Después de décadas de estancamiento económico, de crecimiento de la pobreza, de autodestrucción a través de una guerra interna irracional, y luego del fracaso de las políticas populistas-demagógicas, el Perú tiene diez años de crecimiento económico. No reconocerlo es negar la realidad. El índice de Desarrollo Humano publicado por el PNUD este año, nos única en el puesto 67 en el orden mundial. Estábamos en el puesto 82. Hemos mejorado en competitividad. Ha disminuido la pobreza y diversos indicadores generales del país nos sitúan como un país de desarrollo medio alto. Estamos muy lejos de los países más avanzados del mundo pero es innegable que hay mejoras. No como todos quisiéramos pero sería necio no reconocer que el Perú ha crecido en los últimos años.
 
El crecimiento es resultado de factores externos e internos. Externos: el precio de las materias primas, especialmente minerales, resultado de la gran demanda de China e India. Pero, también, hay factores internos: orden en la economía, autonomía del BCR, bajo déficit fiscal y, también, baja inflación. Es indudable que la insensatez de la política económica del 85-90 no se ha vuelto a repetir. Aprendimos del 7400 por ciento de inflación y de la duplicación de la pobreza que creció de 32 % a 64% en el lustro del 85-90. Desde 1990 en adelante, con un ajuste estructural drástico que afectó a todos, especialmente a los más pobres, aprendimos a manejar con responsabilidad la economía.  Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con la política que se ha convertido en el principal freno al desarrollo del país.
 
Crecimiento no es igual a desarrollo. Amartya Sen, el economista y filósofo premio Nobel de economía, estableció claramente que una cosa es crecimiento y otra, desarrollo. Por ello, con su impulso se establecieron otros indicadores que son los que usa el PNUD para medir el Desarrollo Humano: esperanza de vida al nacer, alfabetismo, escolaridad, logro educativo, nutrición, entre otros.  Pero, para alcanzar alta calidad de vida, se requiere reformas que modernicen al Perú con el fin que sea competitivo. Ser competitivo es la capacidad para competir con éxito en la economía mundial aprovechando al máximo las ventajas comparativas. El Perú posee enormes ventajas comparativas. Una de ellas es su mega biodiversidad. En Puno, por ejemplo, se produce el mejor café orgánico del mundo. La diversidad de pisos ecológicos nos convierte en un país rico que nos puede permitir no sólo exportar al mundo diversidad de productos sino, también, procesarlos incorporándole valor.  Para añadir valor a los productos se requiere algo fundamental: educación. Según Amartya Sen, el gran capital es el humano y el social. Tenemos la riqueza natural pero tenemos un capital humano y social de baja calidad. Capital humano y social requieren ser fortalecidos y, la única manera, es través de la educación, la investigación científica, la experimentación, la innovación y políticas sanas que promuevan la unidad, la colaboración, el espíritu asociativo, la capacidad de abandonar viejas ideas reaccionarias y conflictivas por ideas inclusivas que promuevan la justicia y la igualdad de todos ante la ley, el respeto a las diferencias y la igualdad de oportunidades.
 
El gran obstáculo para el desarrollo del Perú es su clase política que es de muy baja calidad. Todos los países tienen clase política que está formada por los que se dedican a las tareas del gobierno. Pero si la clase política posee malos hábitos, malas costumbres y es de muy baja calidad no será una clase dirigente sino una clase dominante, rapaz, oportunista, acomodaticia y corrupta.  
 
La clase dirigente debe estar premunida de profundos y fuertes valores éticos, de lo contrario sucumbirá a las tentaciones del poder. Se requiere, por ello, un cambio de actitud de la clase política nacional, regional y local o, de lo contrario, se requerirá la creación de una nueva clase política que ame a su país, a su gente y que se capacite para liderarla en pos del progreso y la modernidad para todos.
 
La descentralización ha sido y es una de las grandes reformas que buscan la modernización. Descentralizar significa dar poder autónomo a las regiones, A las provincias y a los distritos. Poder no para generar chauvinismos y caudillismos locales conflictivos, sino para democratizar, para compartir el poder entre todos y para integrar al país. Se trata de formar equipos locales, provinciales y regionales articulados por objetivos comunes que se busquen el progreso para todos.
 
Los Gobiernos Regionales, provinciales y distritales tienen que sumarse a la agenda nacional que busca que el Perú se convierta en un país avanzado y, para lograrlo, es imperativo usar cada sol que se ha producido en el país con responsabilidad en educación, nutrición, seguridad, infraestructura  -carreteras, vías férreas, aeropuertos, terrapuertos, tecnologías de comunicación e información-, salud, energía para la industria y la agricultura.
 
La exigencia del mundo de hoy es la calidad y la innovación –como está ocurriendo en nuestra gastronomía- pero en todos los ámbitos de la vida económica y social.
 
Las autoridades elegidas democráticamente, tienen la responsabilidad política y, por ende, moral de constituirse en una nueva clase dirigente. El Perú está en un excelente momento. Está obteniendo reconocimientos que abarcan desde el premio alcanzado por Mario Vargas Llosa -por su extraordinaria obra como escritor comprometido con el drama humano-; el reconocimiento al mejor manejo monetario por el BCR; triunfos deportivos individuales y colectivos; mejora continua en la gastronomía; éxitos en exportaciones, entre otros. Sin embargo, nos falta mucho para acercarnos a los países más avanzados del mundo. Alcanzar éxitos requiere una clase dirigente ejemplar que salga de la política minúscula, de los agravios, de los insultos y de la corrupción, la coima, la prebenda y que se concentre en el liderazgo, el planeamiento, el fortalecimiento de la democracia y la proyección de nuestros pueblos al mundo.
 
El Perú clama por una clase política distrital, provincial, regional y nacional que conduzca a nuestros pueblos hacia el desarrollo. Los peruanos hemos demostrado que estamos en capacidad de crecer y proyectarnos. Es el momento de utilizar los enormes recursos con los que hoy cuenta el país -por una situación excepcional de la economía mundial- construyendo en el presente el futuro. El futuro se construye hoy. La descentralización le ha dado enorme poder a las autoridades locales. Asumir con conciencia ese poder y hacer un uso inteligente, estratégico, racional y moral de esos recursos, ayudará a que sigamos creciendo. Las cifras deben tener impacto en la gente. Si la gente siente que hay beneficios. Si los padres de familia perciben que sus hijos desarrollan, están mejor educados y que tienen futuro, se comprometerán a seguir mejorando.  La clave de todo es el liderazgo. Es claro que un país desarrollado requiere de una clase política desarrollada. Una clase política subdesarrollada no crea desarrollo. “El desarrollo está en la mente” y esto significa: conocimiento, educación, valores, costumbres y hábitos nuevos que se reflejen en disciplina, puntualidad, calidad en productos y servicios, productividad, eficiencia, eficacia, rapidez.

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