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Alan García Pérez ¿Ego fuerte o débil? ¿Megalomanía?

La difusión de los informes reservados de los embajadores norteamericanos ha abierto un gran debate en el mundo. ¿Es lícito interceptar y difundir informes privados para “hacer el mundo más transparente? ¿Esos informes son “la verdad” o simplemente un punto de vista? ¿Derribar la barrera de la privacidad tanto pública como de la esfera personal, individual o de las instituciones hará que la sociedad sea más democrática o más libre? ¿No se vulnera el derecho al espacio privado?
En estas reflexiones, trataré solamente el tema relacionado con la calificación del embajador norteamericano J. Curtis Struble (2006) que presenta a Alan García Pérez como un mandatario con un “ego colosal”. En ese mismo informe el embajador escribe que García padecería un trastorno bipolar, que se medicaría con litio, entre otras opiniones de carácter personal. Son, evidentemente, simples opiniones (doxa, en griego) y no proposiciones científicas.
 
Evidentemente, el embajador J. Curtis Struble no consultó con un especialista y no supo distinguir entre lo que él considero un “ego colosal” y la megalomanía. Los políticos y opinólogos han repetido la frase del embajador sin profundizar en el tema.
 
Ego colosal o ego fuerte.
 
Contar con un ego colosal o un ego fuerte, es algo saludable, en términos psicológicos, es, digámoslo de manera sencilla, positivo. Ego viene del latín que traducido al español es YO. La persona que tiene un ego fuerte o colosal es aquella que es consciente de su identidad y de su relación con el medio social y el medio físico. El yo o ego es, entonces, el aspecto consciente de la psique del ser humano. En la teoría de Freud el yo o ego es el principio de la realidad.  La función del YO es la autoconservación que utiliza todos los mecanismos psicológicos de defensa. Por el YO podemos controlar nuestras pulsiones --instintos en los animales-- sexuales, alimenticias, entre tantas otras. El YO controla a nuestro ELLO, aquello que acabamos de describir: pulsiones de vida o de muerte que son dominadas por el principio del placer.
En síntesis, el YO representa la razón y el ELLO las pulsiones.
 
¿Es Alan García Pérez una persona con un YO fuerte?
Los datos de la realidad nos dicen que NO. Un ejemplo claro: no puede controlar el apetito desmedido por comer, la pulsión oral de comer, el placer de comer. En poco más de cuatro años de gobierno Alan García debe haber aumentado unos cincuenta kilos de peso. Un promedio de 10 kilos por año. Eso significa un YO débil, incapaz de controlar varias pulsiones relacionadas con el placer de comer, evacuar, en fin de todo el proceso digestivo. Sigmund Freud descubrió y describió las distintas pulsiones humanas y placeres elementales: comer, evacuar, succionar, etc.
 
Si examinamos la propensión y la incapacidad de controlar una de las pulsiones orales como hablar de todo, todo el tiempo, podemos afirmar que tiene un yo débil, pues no logra poner freno a sus extensas, vacías y aburridas hemorragias verborreicas. Los “compañeros” que lo acompañan lo aplauden, lo incitan, elevan su megalomanía, como antes lo hicieron con el compañero-jefe, líder máximo, natural, indiscutido e indiscutible.
 
Si estudiamos sus respuestas violentas –patadas, cachetadas y violencia verbal-- en circunstancias que le quintan cámaras o en las que no tolera las invectivas verbales de personas con evidentes desordenes mentales. ¿Agredir violentamente da cuenta de un YO fuerte? No. Da cuenta de un YO débil, incapaz de controlar su propia violencia. Esa incapacidad remite, más bien, a un cierto narcisismo, a una incapacidad de ver al otro, de respetar al otro, de intentar entender al otro. Pero, lo más importante: este Yo débil es incapaz de controlar la violencia contra el otro.
 
Hay otros ejemplos que el lector puede considerar como el hecho de denigrar a la esposa públicamente e informar que ha tenido un hijo con otra mujer, fuera de su matrimonio. ¿Es un YO fuerte aquel que no puede controlar la pulsión sexual? NO. Es un YO débil. No es un YO colosal. Es un YO enano, mínimo.
 
La plata viene sola
 
“La plata viene sola” es una frase no desmentida, antecedida por una frase que completa la oración, el pensamiento o parte del sistema de valores: “No seas cojudo”. Es decir, no seas tonto, no creas las apariencias, yo no vivo del sueldo de presidente… Entonces, la frase completa como sabemos es: “No seas cojudo, la plata viene sola”. ¿Cuál es la relación de esa frase con la realidad?  ¿Una persona con un YO fuerte podría expresarse de esa manera? NO. Porque una persona con un ego o YO fuerte, discerniría, sería capaz de controlar otra pulsión elemental: el egoísmo, el narcisismo, la inclinación a apropiarse de lo ajeno. Estamos, nuevamente, ante otra debilidad del YO. La incapacidad de controlar la ambición desmedida por el dinero ajeno.
 
Neutralidad política.
Un presidente democrático, debe mantener una conducta neutral en un proceso electoral. ¿Fue neutral Alan García en las elecciones municipales de octubre del 2010? NO. Apoyó abierta y solapadamente, según las circunstancias a Alex Kouri. Fue Alan García el que promovió la difusión de información en contra de Lourdes Flores. Él fue el ordenó que el informe de la DIRANDRO fuera lapidario contra César Cataño y fue esta entidad bajo su mando la que intervino el teléfono de Lourdes Flores.
 
Pero, hay algo que nadie se ha preguntado: ¿Cuántas veces se reunieron Alan García Pérez con Jaime Bayly que realizó una campaña de demolición durante más de dos meses a la candidata de Unidad Nacional, Lourdes Flores? ¿Además de hablar de cuánto gana un presidente, con qué objetivo y en dónde se reunieron García y Bayly? Cuando Bayly le dijo a Alex Kouri en su programa de TV que se había reunido con el “hombre más poderoso del Perú” y que éste le recomendaba que participara en el futuro proceso electoral de abril del 2010, ¿no es que esa y otras reuniones fueron para coordinar la campaña de demolición de Lourdes Flores? ¿Qué sentido tenía reunirse con Jaime Bayly en plena campaña electoral municipal? ¿Por qué García Pérez no pudo mantener la neutralidad en las elecciones municipales? Simplemente porque sus pulsiones elementales lo ganan. García Pérez decide todas sus acciones políticas en función de él mismo, de sus pulsiones más elementales… y la más elemental le decía que tenía que sacar de carrera a Lourdes Flores, “la candidata de los ricos” según el propio García Pérez (“yo me encargo de la gorda”) porque si Lourdes Flores ganaba, era candidata fija en las elecciones presidenciales del 2016… y todas las pulsiones elementales de García Pérez apuntan a la tercera elección… y para ese fin tenía y tiene que sacar de carrera a todos los que pudieran ser candidatos exitosos el 2016. Por eso le hizo contracampaña a Lourdes Flores unido a Alex Kouri y a Jaime Bayly que también tiene un YO débil y es ganado por sus pulsiones, aquellas de las que se siente orgulloso y que promueve en todo lugar en el que se encuentre. Ya sabemos cuál de todas las pulsiones descritas por Freud es la que domina al “tío terrible”.
 
Por eso es que en las elecciones presidenciales tampoco García Pérez es neutral y no será neutral. No hay que ser ilusos en política, sus pulsiones dominan a García.
 
Alan García Pérez es megalómano… su YO es pequeño.
 
Alan Ludwig García Pérez no tiene, entonces, un YO fuerte. Todo lo contrario. Tiene un YO débil, pues no puede controlar sus pulsiones, sus instintos, sus inseguridades, sus miedos, sus traumas.
 
La imagen del artista Alonso Núñez Rebaza, en la que aparece García Pérez caminando al lado de un pavo simboliza el mal que éste padece. Ese mal tiene un nombre científico: MEGALOMANÍA.
 
La megalomanía es una palabra creada por la psiquiatría del siglo XX (mega: grande; manía: locura). Se trata de la unión de dos palabras griegas que significan, en forma sencilla, enorme locura.
 
Delirio de grandeza
Alan García padece de delirio de grandeza. El delirio es una exageración enorme de la importancia de uno mismo, de su poder, de su talento. El delirio está íntimamente unido a la megalomanía y a otras enfermedades como la esquizofrenia paranoide. Obviamente, el delirio proviene de un pensamiento alterado, de un determinado desorden mental, que puede, sin embargo, ser controlado con medicamentos.
 
En psiquiatría, el delirio es una patología, una enfermedad o una enfermedad en proceso. El delirio es distinto a la idea de una información falsa o un simple problema de percepción. El que delira cree en su delirio. Cree que es insustituible, líder natural, líder nato, “farol rojo de Oriente”, “cuarta espada de la revolución mundial”, idea suche de Kim Il-sun o “pensamiento Mao” de Mao Tse-tung. Todos, como Hugo Chávez, como Lenin (“el partido -que era él-  es el actor consciente de un proceso inconsciente”); Fidel Castro (“el comandante” eterno); como Stalin (“el hombre de acero”); como Hitler (“el führer”); Francisco Franco (“el caudillo”); Mussolini (“el duce”) entre tantos otros, padecieron de megalomanía, enfermedad por la que estas personas mesiánicas se sentían predestinadas, dueñas de la verdad, dueñas de vidas, de la economía del pasado, del presente y del futuro.
El delirio está asociado, también, al trastorno bipolar --depresión que se manifiesta en alta y bajas en la conducta;  hiperactivismo y pasividad; up/down-- por el cual las personas que padecen esta enfermedad deben estar estrictamente medicadas pues la patología consiste en vivir en los extremos, en bajones terribles y estallidos o exabruptos enormes que se expresan en grandilocuencia, gestos exagerados, bailes desagradables y ostentosos, además de violencia e hiperactivismo.
El delirio, vinculado a la megalomanía, implica ideas firmemente defendidas pero con recursos lógicos inadecuados; implica, también, que no es corregible a través de la experiencia y es inadecuado en el contexto cultural en el que el delirio se afirma.
En síntesis, el correo electrónico del embajador de Estados Unidos J. Curtis Struble, era equivocado cuando afirmaba que García Pérez tenía un YO o EGO grande. Todo lo contrario, tenía y tiene un YO pequeño. Los políticos peruanos, empezando por Alejandro Toledo, deberían estudiar un poco antes de hablar. García Pérez no tiene un EGO (YO) súper grande. Todo lo contrario. Tiene un EGO (YO) súper pequeño. Su megalomanía sí es grande y, por eso, no puede controlar sus inclinaciones y sus pulsiones.

Megalomanía implica, entonces, delirio de grandeza, exageración enorme de de la importancia de uno mismo, de su poder, de su talento y/o de su riqueza. La megalomanía, está vinculada a delirios, pensamientos alterados que desfiguran la realidad. El megalómano piensa que su punto de vista es neutral. No es consciente de su enfermedad. Pero los que lo rodean sí perciben la realdad. Lo que sucedes es que les conviene callar, mirar a otro lado, “hacerse los locos” por puro cálculo. El megalómano manipula la realidad y se obstina en presentar una realidad que existe solo en su mente.

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