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Noticias >> Oswaldo Carpio

La Justicia y el Poder Judicial

El exceso de leyes es el fracaso de la justicia y del Poder Judicial. La existencia de cada vez más leyes demuestra que los ciudadanos son incapaces de actuar correctamente. Se precisa crear nuevas leyes por la incapacidad de las personas de actuar con corrección. Se hacen más leyes y se modifica el Código Penal con el fin de hacer las leyes más drásticas y sin embargo las cosas no mejoran. La razón: es que lo que viene fallando en el Perú es la gente. El lenguaje, para hablarse con corrección, requiere normas que se respeten. Alguien se ha puesto a pensar que para que la gente hable mejor se requiere modificar permanentemente las normas del lenguaje. En realidad, se requiere, educación para que se cumplan las normas y realizar los cambios necesarios porque el lenguaje es lo que más rápido cambia, pues es el reflejo avanzado de los cambios sociales. Todos sabemos que el Poder Judicial requiere un cambio real, desde la raíz hasta la copa. Los abogados, en privado, sostienen que hoy, ese poder, es más corrupto que en el pasado, que también fue, sumamente corrupto. Esos mismos abogados, ingresan a las oficinas del Palacio de Justicia o de los diversos juzgados, con billetes de diversa denominación, con el fin de que las puertas se abran rápido y diligentemente. Cada puerta o cada persona tienen su precio. De otro lado, hay congresistas, dueños de sus estudios de abogados, con el claro propósito de utilizar el poder del Congreso para ingresar a los más altos niveles de la magistratura y, con el acceso a las alturas, proceder a comprar sentencias. Uno de ellos es famoso y sale, todo el tiempo que puede en los programas de la farándula. Pero tiene, también, el cinismo de rasgarse las vestiduras cuando se declara enemigo de la corrupción del gobierno de Alejandro Toledo. Este representante de un partido tradicional es uno más de los que llegan al Congreso para usar ese poder con el fin de servir a sus bolsillos… y lo hace con convicción. Ha sido y es capaz de actuar en beneficio propio y de su sagrada familia. Un asesor legal le dice a una autoridad: tenemos un proceso pero no hay dinero para el juicio. No se trata del dinero para los honorarios del abogado. Es el dinero para “aceitar la maquinaria” de la burocracia que administra la justicia o para obtener en una comisaría un informe policial favorable, pues allí se puede “matar” una denuncia. ¿Quién corrompe a quién? ¿Quiénes son los corruptos? ¿Los corruptores o los corrompidos? Es como la declaración de homosexualidad. ¿Quién es homosexual, el activo o el pasivo? Son los dos. En la corrupción es corrupto el que paga como el que recibe. El litigante, muchas veces, sostiene que si no paga, pierde el proceso. La pregunta, entonces, es la siguiente. ¿Cómo romper con esta cadena que viene desde el virreinato y que es ácido sobre las instituciones y que materializa la injusticia en la vida de la gente? ¿Por dónde empezar? Es evidente, que hay que realizar cambios porque el país no cambiará si no hay justicia y no habrá justicia si la gente no cambia. Porque como se ha dicho, para que una sociedad desarrolle, se requiere confianza entre todos, pues de lo contrario estamos ante la ley de la selva… y eso es lo que viene sucediendo en nuestro país. El problema es aún más grave si consideramos el poder del narcotráfico que llegó hace tiempo a la política peruana. Empresas pesqueras y una línea aérea entre otras empresas han estado o tienen personajes más o menos conocidos vinculados al narcotráfico. ¿Cuántos millones movilizan estas bandas criminales en el Perú? No menos de 600 millones de dólares al año. Y, ¿cuánto mueve la mafia fujimontesinista? Miles de millones de dólares. ¿Es por eso que están saliendo libres generales corruptos que deberían ser degradados? ¿Es por eso que la estrategia de la prescripción -del paso del tiempo- es la que siguen personajes conocidos de la política peruana? ¿Cuánto tiempo necesitará Fujimori y su banda para que sus crímenes prescriban? Nunca ha habido tanto dinero de la corrupción en las cárceles y fuera de ellas, tentando a jueces y fiscales. Sabemos que algunos han ido hasta al psicólogo para saber qué hacer frente a los cuantiosos ofrecimientos para sacar de la inseguridad económica a sus familiares y “asegurar su futuro” como declarara Raúl Romero, el animador de la televisión, que le pidió millones a Montesinos para “asegurar su futuro”. ¿Con una moral de esa calaña se puede construir un país? Pero esos millones son los que han penetrado ya al Poder Judicial y están comprando libertades… Frente a todo ello, el primer cambio es en cada uno de nosotros. Nada cambiará si no cambiamos nosotros. Si no asumimos que tenemos que auto-educarnos y educar a los niños y jóvenes en una nueva actitud y nuevos valores. Desarrollar las virtudes. Trabajar la”excelsa virtud” pues si la raíz está mal la copa no puede estar en orden. Tiene, que reformarse, asimismo, el Poder Judicial. Terminar con el secretismo, conocer las sentencias y la trayectoria de los jueces con el fin de que se conozca por qué se sentencia de forma distinta a casos similares. Lograr, asimismo, hacer transparente el lenguaje de jueces y fiscales. Incorporar a la práctica judicial la metodología anglosajona que se construye sobre la jurisprudencia de casos concretos. Dotar de mayores recursos, equipar y pagar bien. Pero esto último, si no hay un cambio profundo, será como echar agua dulce en el mar. Pero, como todas las cosas, en nuestra mente y en nuestro espíritu, en las virtudes, en nuestra tenacidad para luchar por una vida plena y justa, está la clave del éxito. Cualquier reforma fracasará si no cambia la gente. Empecemos por nosotros mismos.

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