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Cajamarca: La posibilidad de un acuerdo a través de un diálogo civilizado se va abriendo paso

Luego de cinco muertos en Celendín, causados por la intransigencia, la frustración, la cólera y la violencia pareciera que la sensatez, aún cuando débilmente, empieza a abrirse paso entre las autoridades de Cajamarca.
 
El presidente Ollanta Humala había propuesto a monseñor Miguel Cabrejos como mediador entre el Ejecutivo y el Gobierno Regional. El pedido se hizo a través del ministro de Justicia Juan Jiménez Mayor. Monseñor Cabrejos, aceptó. Gregorio Santos, luego de reunirse con consejeros regionales y alcaldes cajamarquinos, abrió una pequeña rendija al diálogo que es el camino del entendimiento entre personas de buena voluntad.  Sin embargo, la noticia trae un doble mensaje de Gregorio Santos: la “creación de un espacio de escucha, (no diálogo) de las demandas del pueblo de Cajamarca” según informa el diario El Comercio de Lima. El presidente del Gobierno Regional de Cajamarca, añade la información, acepta que en ese espacio (de escucha) participe monseñor Cabrejos, pero el presidente regional de Cajamarca ha pedido, también, la presencia de Gastón Garatea, que ha expresado que apoya la participación de monseñor Cabrejos y que, asimismo, no excluye la suya.  Santos ha solicitado, también, el levantamiento del estado de emergencia en Cajamarca y el retiro de los oficiales del ejército y la policía, pues de esta forma “se garantizarían momentos sin violencia”.
 
Monseñor Cabrejos  al aceptar señaló que la iglesia católica habla de un facilitador más que un mediador y pidió deponer la medida de fuerza mientras duran las conversaciones. “Invoco a la paz, el diálogo y a calmar los ánimos de una y otra parte [...] Estoy dispuesto a facilitar todo lo posible para un diálogo racional y equilibrado”, expresó Cabrejos. El sacerdote de la iglesia católica, Gastón Garatea ha pedido que se levante el estado de emergencia porque se presta a confusión y abuso, pero ha expresado, también,  “que se levante el paro”.  Garatea ha pedido a las autoridades y dirigentes de Cajamarca que rechazan la inversión minera, “ser más comprensivos y que se sienten a dialogar con la tranquilidad necesaria para que la calma vuelva pronto a la región”.
 
El obispo de la diócesis de Cajamarca José Carmelo Martínez ha sostenido que él se ofreció como facilitador del diálogo en Cajamarca hace más de 45 días pero que su pedido no fue escuchado por Gregorio Santos. Cuando iban a entrevistarse el que acudió a la cita fue el vicepresidente regional que le dijo que “lo llamarían”. Nunca lo llamaron. El obispo ha declarado que en las movilizaciones de Cajamarca contra el proyecto Conga, no sólo hay intereses políticos y sociales, sino también ideología extremista que muy probablemente provenga del grupo terrorista Sendero Luminoso y el Movadef. Añadió que para resolver el conflicto actual de Cajamarca, se necesita que quienes ejercen la violencia “cambien de actitud” y se comprometan por la paz para poder dialogar.
 
La Asamblea General de Gobiernos Regionales, a través de su presidente César Villanueva,  ha declarado que el camino de la búsqueda de un entendimiento se ha abierto y que poner obstáculos a la intervención de monseñor Cabrejos sería un grave error. Dijo confiar en Miguel Cabrejos “porque se trata de una persona que goza de gran credibilidad y respeto”. El Colectivo Cajamarca a través de su vocero Luis Guerrero ha declarado que Santos tiene la obligación moral de dialogar “salvo que quiera seguir en el conflicto” y que se debe buscar una solución a la violencia promovida por los antimineros.
 
¿Es posible el diálogo para resolver el problema suscitado en torno a la inversión minera en Conga? ¿Es posible superar la idea de Gregorio Santos de que se trata de un “espacio de escucha”, no de diálogo, de los puntos de vista de las autoridades de Cajamarca?  Es claro que Santos se ha visto obligado a romper la terquedad de no querer dialogar. El pedido de que lo escuchen sin establecer un diálogo, una respuesta luego de ser escuchado, es considerado una traición para los grupos extremistas. Para ellos dialogar es conciliar y su consigna, por ello, es no dialogar. En esta actitud intolerante hay una suerte de chantaje entre los pequeños partidos políticos extremistas. Como en las peores épocas de la intolerancia totalitaria, dialogar es una traición.
 
Es curioso el concepto de diálogo de Gregorio Santos. Dialogar es expresar un punto de vista y escuchar al otro y, a partir del mensaje recibido (la retroalimentación) incorporar aquello que se comparte del punto de vista del interlocutor para generar una respuesta. Diálogo no es ser  escuchado solamente. Es aceptar una respuesta luego de haber expresado un punto de vista. El diálogo es un ida y vuelta, es una relación dialéctica entre personas que representan a instituciones capaces de expresar puntos de vista, verbalizarlos, escuchar los argumentos del otro y razonar, buscando entendimientos, deponiendo ideologías y posturas políticas personales o de grupo, con el fin de llegar a acuerdos, pues se trata de la búsqueda del interés común.
 
El concepto de diálogo expresa uno de los más importantes avances de la civilización, tal vez el más alto de la sociedad humana porque el diálogo implica el respeto entre los interlocutores, el respeto al otro, a su humanidad, a su semejanza conmigo. El dialogo es la aceptación de que el otro puede tener una pizca de verdad. El diálogo es expresión de capacidad para tolerar, respetar  no burlarse del otro. En realidad el ser humano existe porque el otro existe. Sin la existencia del otro como igual, el ser humano deja de serlo, pues al considerar al otro como inferior o superior pero no igual, está dando paso a usar al otro como medio y no como un fin en sí mismo. ¿O no somos iguales los ciudadanos del Perú? Solamente el que es capaz de escuchar, reflexionar, meditar, evaluar lo que el otro dice y elaborar una respuesta, puede ser considerado un ciudadano, un demócrata, una persona libre, no esclavizada ni por prejuicios ni ideologías. El concepto de ciudadano, demócrata, expresa a una persona tolerante, que acepta al otro como interlocutor válido, lo respeta, busca entenderlo y, por ende, busca consensos razonables. Porque se trata de razonar y, sobre la base de la capacidad para sopesar, evaluar, comparar, analizar y procesar la información recibida, expresar un nuevo punto de vista. Por que dialogar no es mantenerse en una posición cerrada. Eso implica intolerancia y la intolerancia es la sustancia del totalitarismo, de las dictaduras, del racismo, el clasismo y tantas otras formas soberbias de rechazo al otro.
 
La incapacidad para escuchar es una expresión, además, de profunda debilidad y, tal como han expresado psicoanalistas, es una forma de narcicismo -forma patológica de amor así mismo-, que no es otra cosa que un egoísmo extremo y una falta de respeto a los otros. Pero, la incapacidad de escuchar es una manifestación, también, de un profundo miedo que refleja la poca fortaleza de carácter y de argumentos. La persona que dialoga es una persona de carácter, aquella que puede corregir, rectificar e, incluso, asumir el punto de vista o los argumentos del otro, cuando éstos son razonables, están en armonía con la realidad y con el interés común.
 
En el Perú hemos tenido una terrible experiencia en los años 80 con la absoluta incapacidad de los marxistas-leninistas del MRTA hoy Patria Libre y de los marxistas-leninistas-maoístas de Sendero Luminoso -hoy MOVADEF- que se negaron siempre a dialogar. El único diálogo para ellos era el de las armas, los coches bomba, el asesinato, las cárceles del pueblo y los crímenes contra todos aquellos que no aceptaban su violencia. La incapacidad de dialogar estuvo simbolizada en los perros asesinados y colgados de postes en el país, al empezar su ataque al Estado y a la sociedad peruana a comienzos de los años 80. Más tarde los muertos fueron todos los que no estaban de acuerdo con sus intereses y puntos de vista a los que ellos llamaban “perros” o mesnadas. Cualquiera que discrepara de un terrorista de Sendero Luminoso lo que recibía era una amenaza de muerte y, si persistía, un balazo en la cabeza o como en el caso extremo de María Elena Moyano, en el colmo de la insanía, la muerte y la voladura de su cuerpo con dinamita.
 
Gregorio Santos ha pedido en las últimas semanas que lo escuchen. Solamente que lo escuchen. Ha expresado que no se trata de diálogo.  ¡Hasta qué punto se han trastocado los conceptos y los valores democráticos que se considera que dialogar es traicionar! Santos y los dirigentes de Cajamarca tienen la oportunidad de demostrar que son tolerantes, demócratas, personas fuertes, capaces de escuchar como seres humanos superiores y, en consecuencia, de respetar al otro.
 
En el lenguaje violento entre los grupos políticos de izquierda la diatriba, la violencia verbal y física era un mal cotidiano. Ha sido ha sido la cultura política marxista-leninista: la descalificación a todos  los demás, porque ellos, los representantes del proletariado,  eran los depositarios de la verdad, la verdad única y universal del marxismo-leninismo, la única ciencia, la única interpretación del mundo, la única conciencia viva del proletariado que salvaría a la humanidad de la burguesía, la pequeña burguesía y todos los que osaran oponérseles.
 
Las modernas teorías del conocimiento admiten que nadie puede considerarse dueño de la verdad, porque el descubrimiento de una verdad requiere investigación científica rigurosa pero no sólo eso. Requiere, capacidad crítica para entender que una realidad compleja, cambiante, solo puede ser abordada por diferentes disciplinas científicas en un momento dado, que depende, asimismo, de un punto de vista, de una mirada, de un momento, porque las circunstancias cambian y la realidad también. El conocimiento con el avance de la investigación tecnológica provee de nuevos instrumentos para el análisis científico, y el debate filosófico, la elaboración conceptual ha superado largamente las teorías del siglo XIX
 
Dejar de lado los prejuicios, los dogmas, las anteojeras ideológicas y construir juntos una mirada a la realidad, es síntoma de fortaleza de carácter, de una moral constructiva, de compromiso con el país y de respeto a los demás. Pero, sobre todo, es expresión de valentía porque solo los cobardes temen dialogar, vale decir, escuchar al otro para conocer sus puntos de vista.
 
El conflicto de Cajamarca es una oportunidad para el país. Los dirigentes de Cajamarca pueden demostrar que son personas libres de ideologías que esclavizan; que son ciudadanos, sujetos morales, capaces de buscar la verdad en los hechos, de  buscar el bien común. Respetar al otro, respetarnos entre peruanos puede ser el aprendizaje del problema suscitado por la explotación del yacimiento minero Conga. Esta es una gran oportunidad para Cajamarca y para el país. No dialogar es expresión de temor e intolerancia. Dialogar es liberador. El que dialoga expresa valentía y generosidad. El Perú requiere de ciudadanos y gobernantes que escuchan, dialogan, razonan en la búsqueda del bien de todos.

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