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Kañaris, libertad

El pueblo Kañar es de historia y raíces muy antiguas. En los rostros de los actuales cañarenses, se expresan más de cinco mil años de historia. Su lengua se ha ido mezclando a lo largo de milenios y, por ello, tiene raíces Arahuac, Chavín, Moche, Quechua y Castellano.
Los Kañaris, en sus orígenes, se veían bellos como los papagayos (ara) e inteligentes y astutos como las serpientes Kaña). En su cosmovisión panteísta las montañas, el agua, los animales, todo lo que tiene vida y es parte de su entorno, está formado por espíritus. No se sabe por qué los Kañaris salieron de lo que hoy es territorio mexicano, la realidad es que llegaron hace dos mil quinientos años a una zona cercana a Quito en donde se instalaron para vivir en paz y en armonía con la naturaleza, lugar en el que aún habitan los Kañar ecuatorianos.
Los Kañar crecieron y se consolidaron en ese tiempo en la región. Los hombres fueron guerreros, llevaban el cabello largo y envuelto alrededor de la cabeza, como una calabaza como cuenta Garcilaso de la Vega, que no los amaba y a los que describía con cierto desprecio por ser el Inca parte de la aristocracia cusqueña.
Los Kañaris fueron conquistados por el Inca Túpac Yupanqui, que después de Pachacutec, continuó la etapa Imperial de los Incas. Con Tupac Yupanqui se expande el Imperio hasta llegar a la actual Isla de Pascua (Polinesia), también se expande hacia el sur (río Maule en Chile) y hacia el Norte (Quito y Kañar).
Tupac Yupanqui inicia la conquista de los Kañar a los que doblega pese a su enorme espíritu guerrero. Los traslada a Cusco como pueblo Mitimae. En el centro del Tahuantinsuyo, los Kañaris pueden ser controlados, pero no todos. Una parte del pueblo Kañar, permanece en su lugar de origen a la espera de mejores tiempos en alianza con el poder del Cusco.
Huayna Cápac, sucesor de Tupac Yupanqui, inicia la consolidación y expansión incaica. Construye Tumepampa o Tumipampa en el centro administrativo Kañar y, simultáneamente, consolida la presencia en Quito, que se convierte con los años y con sus dedicación y la de Atahualpa en la ciudad del norte más importante de los Incas.
Huayna Cápac pasa largos meses en Quito, probablemente más tiempo que en el Cusco, en donde las panacas que siempre están conspirando, consideran un error que será uno de los factores del fin del Imperio del Tahuantinsuyo.  Huayna Capac tiene muchos hijos, dos de ellos son Huáscar y Atahualpa que crece rodeado por una panaca y una corte norteña ajena y enemiga del poder de las panacas del  Cusco.
Los casta de generales quiteños (Rumiñahui y Calcuchimac, son dos de ellos), cuya formación se inicia con Tupac Yupanqui, se consolida con Huayna Cápac. Atahualpa crece rodeado de estos generales experimentados, ambiciosos y prácticos que le infundirán envidia sobre lo corte del Cusco.  Apoyado por ellos Atahualpa derrotará a Huáscar.
Cuando Huayna Cápac y su hijo sucesor del Imperio mueren súbitamente -1928- atacados por la viruela, enfermedad que llega  con los hispanos en el territorio Inca, se produce una grave crisis de sucesión. Los cusqueños imponen a Huáscar como Inca mientras que las demás panacas conspiran descontentas. El nuevo Inca, según refieren los cronistas, era de carecer irascible, desconfiado, violento. Atahualpa era más astuto, frío y, por ende, sus decisiones eran menos emocionales.
Declarada la guerra entre Huáscar y Atahualpa (1528 a 1532), los Kañaris que forman parte del poder cusqueño optan por aliarse al primero y se dedican a conspirar contra Atahualpa. En un momento llegan a capturar a Atahualpa que es encerrado en una celda de caña. Sus captores se emborrachan lo que es aprovechado por una mujer que le entrega una barra de cobre con la cual cava, logra separar las cañas y huye. El propio Atahualpa hace correr la historia de que su padre el sol lo convirtió en serpiente y que por eso pudo huir.
Los Kañaris, temerosos de la ira de Atahualpa, en forma de sumisión, envían una delegación conformada por niños, adolescentes y jóvenes mancebos, según la descripción de los cronistas. El Inca decide capturarlos, cortarles el cuello, abrirles el pecho, sacarles el corazón y arrojarlos al campo junto a sus cadáveres. Calculan que los muertos fueron seis mil. Los cronistas cuentan, por el año 1532, que aún se podían ver miles de esqueletos diseminados en el campo.
Es probable que como consecuencia de esta masacre los Kañaris huyeran hacia el sur  y se instalaran en una zona boscosa, agreste, ruda, entre la costa, la sierra y la selva, un espacio que abarca varios pisos ecológicos y de muy difícil acceso fundamental para  protegerse y salvarse de la furia de Atahualpa y de la guerra entre los hermanos en la que ellos estaban en el medio.
El temor al ejército Inca los obligó a elegir un lugar de muy difícil  acceso, espacio que no estaba ocupado ni por los Ayabacas, ni por los Huancabambas ni por los Huambos (los actuales chotanos). Los Kañaris, durante la conquista española, se sumaron a los Huancas, los Chachapoyas, los Huaylas, los chancas y tantos otros pueblos, que consolidaron una alianza con los españoles a los que consideraban sus liberadores del poder opresivo de los Incas. Estos pueblos salvaron a los castellanos en el asedio a Lima, combatieron a Tupac Amaru y formaron el 70 % de las tropas del ejército realista durante las batallas de Junín y Ayacucho.
El pueblo Kañar ha vivido todos estos siglos a la espera de lograr su libertad. Su vida durante siglos ha sido muy dura. Su territorio de distintos pisos ecológicos, sufrió la invasión, en las zonas bajas, que fueron siendo ocupados por chotanos (huambos), cutervinos y otros pueblos de Cajamarca. Los kañaris de las zonas altas sufrieron asaltas y robos  de abigeos que llegaban de  Cajamarca y de los nuevos pobladores de las zonas bajas de la Comunidad. Se defendieron como pudieron y empezaron a migrar hacia la costa para escapar de la pobreza, los robos y el abuso. La impronta de la huída de sus territorios los ha perseguido por siglos.
En el Perú de hoy, según cifras del INEI (2007), el 92 % de la población del distrito de Kañaris (alrededor de 13 mil personas) sufre pobreza, el 56% pobreza extrema, la desnutrición infantil afecta al  40% de los niños, 60 % de las mujeres son analfabetas y menos del 40% de la población cuenta con agua y desagüe. La mayor parte de los caseríos no tiene luz eléctrica ni teléfono. No hay televisión y las emisoras de radio que llegan son las de Jaén, algunas pocas de Chiclayo y otras informales. Todas sirven a intereses foráneos que pretenden mantener, consolidar o continuar invadiendo a este pueblo.  El distrito de Kañaris y el pueblo Kañar es uno de los más pobres del Perú si no el más pobre.
Un elemento más en este mundo pre moderno, es la presencia de pequeñas mafias o grupos locales que se suceden en el poder. Los alcaldes en el distrito de Kañaris han formado pequeños poderes que hacen uso y abuso del presupuesto municipal. Algunos comuneros sostienen que se trata de familias que tienen gran talento en el manejo del poder porque el origen de ese poder reside en el abigeato, el robo del ganado a los kañaris de la parte alta y el manejo de los precios en los productos agrícolas de los comuneros de las zonas altas. Por un pieza de ganado en pie no pagan más de 300 soles.
El conflicto actual en el pueblo Kañar, se inicia cuando una empresa minera, Cañariaco Copper que forma parte de Candente Copper (Canadá), empieza un seria labor de exploración de las tierras dentro del territorio de la Comunidad San Juan Bautista de Cañaris, asunto que los comuneros ven con beneplácito: la empresa en su labor de exploración y de proyección social paga 50 soles diarios de salario a comuneros que venden su fuerza de trabajo a los comuneros de las zonas bajas por 10 o 15 soles diarios. El mercado laboral cambia radicalmente. Los de abajo ya no tienen mano de obra barata y los de arriba, los de las zonas más altas, empiezan a salir de la pobreza de siglos. Es una salida de la pobreza monetaria que les señala una luz en su lucha por el progreso. Este es uno de los orígenes del conflicto pues la empresa minera, no sólo triplica los ingresos de los comuneros, sino que los trata con respeto.
Este cambio radical de las relaciones sociales y económicas, esta economía de mercado, producido por una empresa minera que trae relaciones modernas (liberadoras como lo señalaba Carlos Marx en sus loas al mercado y al papel liberador de la burguesía), genera rechazo no sólo en el poder local controlado por grupos vinculados al abigeato y al comercio desigual, y al pago de ínfimos  salarios. El pago de altos salarios y sus consecuencias se extiende hacia Jaén y otras provincias y pueblos de Cajamarca, que antes contrataban a los cañarenses por diez o 15 soles diarios de pago sin dominical ni seguros (la empresa les paga 50 soles diarios por cinco días de trabajo pero que considera siete días laborados en forma moderna).
Este cambio en las relaciones económicas y laborales es el telón de fondo de la crisis en Kañaris. Son los más pobres los que reciben un pago que triplica sus magros ingresos los que apoyan la inversión minera y por eso están de acuerdo con la minería, con la inversión, “de donde venga” dicen ellos, pues esta inversión, les permite salir de la pobreza (“no importa de que color sea el gato lo importante es que cace ratones”). 
Los que se oponen a la presencia de la empresa minera y sus labores de exploración son los verdaderos afectados por la minería: los que robaban y roban el ganado (abigeos y comerciantes abusivos) a los de arriba, los que les pagan bajos salarios y bajos precios por sus productos.
La modernidad y el mercado traen relaciones más equitativas, generan crisis que son presentadas por los afectados por el desarrollo del mercado, como un conflicto social, medio ambiental, ecológico y de abuso de la empresa. La realidad es que los afectados por la minería (malas autoridades, poderes locales opresores, abigeos, comerciantes abusivos, profesores envidiosos e ideologizados entre tantos otros) rechazan la minería en alianza con los radicales y terroristas “antimineros”.
El pueblo kañarense está sometido hoy por un pequeño grupo de poderosos  locales que pretenden perpetuar la pobreza porque les conviene. 
Los que vienen de afuera, de Cajamarca: Gregorio Santos (Patria Roja), Wilfredo Saavedra (MRTA), Marco Arana (Tierra y Libertad), Ydelso Hernández Llamo (Patria Roja) más algunos profesores del MOVADEF-CONARE  han llevado a las rondas campesinas de Cajamarca a territorio cañarense y se han aliado al ex presidente de la Comunidad San Juan Bautista de Cañaris, Santos Cristóbal Barrios (Tierra y Libertad), Segundo Narva Vásquez (MRTA) y profesores de MOVADEF- CONARE para imponer una dictadura sobre el pueblo con el fin de perpetuar relaciones sociales, económicas y políticas pre modernas con el pretexto del anticapitalismo y la defensa del medio ambiente.
La dictadura de las fuerzas retrógradas de esta “izquierda” es similar a la opresión que impusieron SL y el MRTA contra el pueblo Asháninca al que esclavizaron, hundieron en campos de concentración, torturaron a sus dirigentes, violaron a sus mujeres a las que usaron para su guerra. Los Ashánincas tuvieron que huir de su territorio, apoyados por sacerdotes que católicos que no sucumbieron a los cantos de sirena de teorías totalitarias.
El totalitarismo de los nuevos opresores, los ha llevado a imponer un régimen de terror sobre el pueblo Kañari,  al que amenazan con quitarles las tierras (las tierras por ley son de la Comunidad y los dirigentes usan ese poder como chantaje), ponerles multas de hasta 200 soles, quemarles las casas, azotarlos y apalearlos, conducirlos a juicios populares, entre otras maldades si es que “no luchan contra la minera”.
Los llegados desde Cajamarca y sus socios locales, apoyados por emisoras de radio locales, que lanzan mentiras diariamente, crean terror entre los comuneros repitiendo que la minera no está explorando sino que ya está explotando los recursos; que los ríos, las aguas y los campos ya están contaminados por la explotación minera y que sus hijos van a nacer deformes; que las muestras de sangre que les extrae el cuerpo médico para determinar el estado de salud de los trabajadores son vendidas a los Estados Unidos y que esa sangre es usada para que los hijos de los kañarenses nazcan con enfermedades incurables. Estas son algunas de las terribles mentiras que se repiten (“miente, miente que algo queda”) con el fin de fortalecer un régimen de terror que les permita “movilizar” a la gente y enfrentarla a la PNP.
Los nuevos opresores buscan muertos entre los kañarenses. En los días de las movilizaciones les han impuesto que pongan a los niños y a las mujeres adelante y en medio de las carreteras con el fin de que la PNP choque con ellos y se produzcan muertos y heridos. Ese es el sueño de Ydelso Hernández de Patria Roja que acusó a la PNP, creyendo que había logrado su objetivo, de “gorilas asesinos” y al gobierno de Ollanta Humala de genocida, terrorista, vendido a las transnacionales, entre otros tantos insultos.
La búsqueda de un muerto a llegado al límite cuando utilizaron el cadáver de un vecino que murió de un infarto, en circunstancias totalmente ajenas al conflicto, cadáver con el que se movilizaron más de 300 personas durante varias horas en Pucara, ciudad estratégica de Jaén, por el que se ingresa hacia las Comunidades.
Los comuneros de Kañaris son pacíficos y valientes pero temen denunciar a Segundo Narva Vásquez prontuariado dirigente del MRTA que, según los comuneros, camina armado y es violento, pues tiene sentencias por terrorismo y asalto y robo agravado. Sin haber cumplido su condena, se encuentra en libertad, “luchando en defensa del medio ambiente”. En realidad, la verdadera política del MRTA, Tierra y Libertad, Patria Roja y MOVADEF-CONARE es la de una dictadura omnímoda sobre los comuneros, a los que quieren someter a sus intereses y proyectos políticos antidemocráticos y anticapitalistas. Los salarios que paga una empresa minera a los campesinos pobres ha roto el sistema de explotación y opresión local. Ese poder local formado por abigeos, comerciantes, pequeños hacendados pre-capitalistas, dueños corruptos de emisoras de radio, profesores ideologizados pretende que todo siga igual.
Los cañarenses, han empezado una lucha desigual por la libertad y el progreso, que busca poner fin a tantos años de opresión, abusos y extrema pobreza. Es un deber luchar por la libertad del pueblo de Kañaris. Es preciso impedir que los nuevos Atahualpa llegados de Cajamarca, sigan aplastando a este pueblo.

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