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Caricato

Caricato es la novísima creación de la Tarumba. Como presentaciones anteriores se trata de una vuelta a las raíces de la dramaturgia del circo, cada vez más ortodoxa en la visión y en la práctica circense.
La vida es un Yin – Yan eterno, la Rueda del Samsara que gira y que siempre pareciera volver a los orígenes. Sin embargo, toda vuelta no es igual a la otra y el punto de partida no es igual al de llegada. Es como las agua del río de Heráclito siempre son nuevas pese a que se trata del mismo río.  El Yin y el Yan están unidos pero en contradicción eterna, en lucha, en cambio. Todo cambia menos el cambio.
La Tarumba vuelve con cada fiesta patria, renovándose. Esa rueda silenciosa y bullente que es la vida está simbolizada en el circo y la puesta en escena que comienza con la presentación de los actores y termina de la misma forma. Se abra y se cierra en un círculo. En esa vuelta, algo ha cambiado en los actores y en nosotros. Somos los mismos y no somos los mismos. El circo, esa representación caricaturesca de la vida, nos cambia en cada presentación.
Caricato es una suerte de vuelta a los orígenes del Circo por la Tarumba. Es volver a lo atávico en el siglo XXI con un circo.  Es una mirada festiva de la vida no carente de criticidad. Pero se trata de una mirada en la que los payasos así como nos hacen reír de sus payasadas nos ayudan a reírnos de nosotros mismos.
Caricato nos remonta a la contradicción eterna entre el bien y el mal; la solemnidad y lo absurdo; lo serio y lo jocoso; el formal y el informal, el que sabiondo  y el “ignorante”; el elegante y el desfachatado. ¿Quién es más sabio el Quijote o Sancho?
Caricato es la manifestación de nuestra condición humana que está dispuesta a reír en el absurdo, en la caricatura, en la gracia ridícula de la solemnidad y en la gracia tosca del informal. Reírnos de nuestra “sabiduría” y alabar nuestra sencillez. Porque ambas, como es en la vida, van unidas y en contradicción, siempre confrontándose. Tenemos múltiples rostros pero en el circo son dos los que están en contradicción permanente. Al final, como debe ser en la vida, se reconcilian, se aceptan en sus diferencias. Son distintos y en contradicción pero no son antagónicos ni irreconciliables. Como AL y la U, como el hombre y la mujer, como la vida y la muerte.  Unidos y complementarios. Uno divido en dos. Siempre rivales pero siempre unidos, siempre dispuestos a contradecirse sapientes de su vínculo eterno. Esos somos: una contradicción y cambio permanente en nuestra relación nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza.  Contradicción y misterio eterno. Eso somos.
Caricato es nuestro otro yo. Es nuestro mundo interior que pretende ser elegante pero que se manifiesta como un payaso sencillo que esconde enorme sabiduría.
Nos ponemos mil máscaras para vivir y sobrevivir. Tenemos un rostro para cada ocasión. Asumimos todos los días retos de acróbatas. Vivimos y sobrevivimos.  Nos angustiamos y nos reímos tiempo después de aquello que nos angustiaba y nos alelaba. En el circo, los dos personajes se enfrentan sin cesar. Intentan demostrar que uno sabe más o es más hábil que el otro pero al final reconocen que su destino es estar unidos inexorablemente. Estar unidos porque son dos de los rostros humanos básicos: el del humor y la irreverencia frente a la formalidad,  el conocimiento, el orden. Unidad de los contrarios no para devastarse mutuamente sino para aceptar esa condición: somos la unidad de los contrarios. Pero, al fin y al cabo, unidad. Ni implosión ni antagonismo autodestructivo.
Caricato tiene la magia de ubicar en el escenario a músicos extraordinarios que son malabaristas de la creación. Música para acompañar a los ojos que siguen a los payasos, a los jinetes y sus cabalgaduras, a los acróbatas y, también, a los ayudantes, al presentador, a los cientos de personas que dan vida a la vida que se escenifica en el ruedo mágico.
La mayoría de artistas de Caricato están formados en la Escuela de la Tarumba. Fernando Zevallos dirige a 23 artistas y Amador “Chebo” Ballumbrosio hace lo mismo, magistralmente, con ocho. La producción general es de Estela Paredes. Hay, además, casi un centenar de personas que directa o indirectamente son responsables del espectáculo.
Ese círculo mágico, pegado a la tierra, pero sobre el cual corren, saltan, vuelan, ríen y encantan artistas que desafían las leyes de la física y que, cuando quieren, rompen las convenciones para reírse de y con nosotros, momento en que  aprendemos un poco a sentir nuestro propio ridículo, nuestra fatuidad, glamour, solemnidad.
La Tarumba es el circo de Lima. El circo existe en todas las ciudades. El circo es una creación humana extraña y vital. El circo viene desde muy lejos en la historia. Hay un circo peruano hoy. Ese circo es La Tarumba pero el circo es tan antiguo como las ciudades que, según todas las investigaciones, tienen como Jericó 11 mil años  de existencia.  Caral tiene 5 mil  y Ur (Mesopotamia, en el actual Irak) 2500 años.
El circo tiene su origen más lejano en las festividades y ritos  religiosos, en las actividades sagradas,  en las fiestas en las que la música y la danza, hacen contrapunto a esa pertinaz pulsión humana que pretende desafiar su condición. Nace así la acrobacia y otras formas extremas que causan sorpresa, exclamaciones, risas emocionadas.
Todos llevamos un hombre formal, serio y adaptado y otro informal, jocoso y desadaptado. En esa contradicción reside uno de los misterios de la vida. El circo lo pone ante nuestros ojos. El otro misterio es el de nuestros límites. ¿Hasta dónde podemos desafiar a la vida y a la naturaleza? No hay límite. Al ser humano lo mueve una voluntad de ser, de poder, de crear que hay que desatar. Caricato desata algunos nudos que nos atan por dentro. Bienvenido Caricato que con su vuelta a los orígenes nos puede ayudar a ser más libres, volver a ser niños, a reír, a asombrarnos y a gozar nuestra existencia.

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