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Claves para la comunicación y la eficacia personal y política

La comunicación es tema esencial en la vida de los seres humanos. Es un asunto clave para el entendimiento entre las personas. Comunicar es ciencia, técnica y arte. Cambiar conceptos, procedimientos, formas y hábitos requiere entrenamiento. Es preciso entrenarse en adecuadas formas de comunicación con el fin de romper los malentendidos y lograr una comunicación asertiva. En la política saber comunicar es esencial pero, la mayor parte de las veces, no es un asunto que se tome en cuenta o, si se asume su importancia, se busca aprender técnicas simples para manipular o lograr un objetivo inmediato. La búsqueda del “truco” para manipular es permanente. No interesa el por qué, el para qué. Sólo el “cómo”. Algunos políticos, cuando se les fundamenta la necesidad de una comunicación verdadera, afirman rápidamente: “cámbiame la receta”. Quieren el truco para salir del apuro porque casi siempre dicen estar “contra el tiempo”.
El Dr. César Sotillo Zevallos, escribió un texto profundo y de una forma abrumadoramente sencilla. Sotillo Zevallos es psiquiatra y expuso su punto de vista técnico-prácticos para ayudar a que los familiares de discapacitados mentales crónicos tuvieran mayores habilidades para comunicarse. El breve y conciso texto del Dr. César Sotillo, sin embargo, es sumamente útil para todos lo que quieran lograr una comunicación asertiva. A continuación una síntesis comentada de su texto que nos ayudará a mejorar nuestra comunicación.
 
Antes de ir a exponer las habilidades que propone el Dr. Sotillo, se requiere exponer algunas ideas sobre los problemas de comunicación en la “sociedad política”, sumamente conflictiva, en la que se ataca mucho, se busca titulares y primeras planas, se argumenta o razona lo mínimo y se busca atacar al adversario. Se usa mucho la argumentación sofista, el juego de palabras, engañar a los ciudadanos, buscar el olvido de sucesos pasados y arrinconar a los adversarios. Por momentos, la estrategia de comunicación se aleja del sistema democrático y se establece dentro de las leyes de la guerra política y, por ende, fuera  de la argumentación razonable, persuasiva que pretende, con argumentos convencer. Se busca más que razonar y persuadir la frase o la palabra que agite, impacte, demuela al adversario. Se pretende arrinconarlo al adversario político haciendo uso de sobrenombres, descalificándolo o, simplemente, mintiendo, lo que saca partido de la falta de memoria en la sociedad peruana.  Últimamente se hace uso del bullyng que ha pasado de las aulas escolares a la política, repitiendo el famoso “apanado”, la agresividad que abre paso a la violencia verbal. Incluso personas educadas buscan la descalificación del adversario ridiculizándolo “elegantemente”.
 
En la vida moderna existe una ética en del discurso. En la política pareciera que es pedir mucho, pues se han adoptado las técnicas de la guerra: el engaño y, peor aún, la mentira. Pero no es el engaño al competidor. Se busca engañar y mentir a los ciudadanos. En las últimas campañas políticas, se ha usado métodos no políticos para permitir éxitos o “victorias” electorales. Se usa cada vez más recursos que pretenden conscientemente confundir, engañar, sustituir escenarios y personajes para conseguir resultados. Cabe preguntarse si todo esto no profundiza aún más la crisis política pues se trata de engañar a la gente que ya no sabe ni por qué vota, qué es lo que está en juego, qué se pretende.  Una vez logrado el engaño la realidad vuelve a la superficie y los ciudadanos se muestran sumamente confundidos y estafados.
 
El Dr. Sotillo para establecer bases confiables para la comunicación establece que existen habilidades sociales que “permiten a la persona conseguir metas de tipo instrumental (conseguir empleo, por ejemplo) y afiliativo (ser escuchados, hacer amigos, etc.), haciendo respetar sus derechos y los de los demás”.
 
Afirma el Dr. César Sotillo, algunas precisiones en la “Guía”. Así,  Carencia: “Es no tener habilidades sociales debido a que no han sido aprendidas o puestas en práctica”.  Conducta agresiva: “Es una conducta activa donde se persiguen los objetivos personales sin respetar los derechos de los demás”. Conducta pasiva: “Es una conducta inhibida donde no se hace respetar nuestros propios derechos, de esta manera no hacemos lo que queremos”. Conducta asertiva: “Es una conducta activa en la cual logramos conseguir lo que queremos haciendo respetar nuestros derechos  y respetando el derecho de los demás. Esta conducta es la que se busca adquirir… ya que va  proporcionar mayores beneficios en nuestra vida”.
 
En la Guía el Dr. César Sotillo, señala las conductas que deben ser “trabajadas” para lograr mejorar las habilidades sociales. Se trata de conductas sociales prácticas y, de mejorar el arte y la técnica de comunicar nuestros mensajes.
 
¿Cuáles son esas habilidades que se han de trabajar:
 
-   Habilidades de auto cuidado: Indispensable,  para el Dr. Sotillo, son: “El arreglo e higiene personal, así como el de nuestro vestido”.
-   Conductas para-lingüísticas: “Volumen, velocidad, articulación, inflexión, fluidez verbal”.
-   Conductas no-verbales: “Contacto visual, postura, movimiento de manos, distancia al conversar, expresión facial”.
-   Conductas de aserción verbal: “Expresión de emociones, reconocimiento de emociones; iniciar, mantener, terminar una conversación; dar opiniones; dar, recibir halagos; criticar, responder a críticas manipuladoras; aceptar errores cometidos; hacer reclamos; rechazar invitaciones o pedidos; establecer conversaciones con el sexo opuesto”, entre otras.
 
¿Cuál es el objetivo al trabajar o ejercitar estas habilidades?
 
-      Mejorar la comunicación y las relaciones interpersonales.
-      Aumentar la autoestima de las personas.
-      Adquirir destrezas básicas para un desempeño social autónomo.
-      Mejorar la calidad de vida.
 
¿Cuáles considera el Dr. Sotillo las claves para la eficacia persona en la comunicación? Son prácticas y son las siguientes:
 
-   “Mantener el contacto visual” con la o las personas con las que se comunica.
-   “Utilizar las manos al hablar”, se trata de saber hacer uso de la expresión corporal o de una parte de ella.
-   “Dirigirse a la otra persona”, es decir, establecer una comunicación con el/los interlocutor(es) asumiendo que el otro existe, que hay que respetarlo, tomarlo en cuenta, reconocerse en el otro, aceptar su condición de ser de humanidad.
-   “Mantener una expresión facial agradable” lo que requiere un entrenamiento personal pues no sabemos lo que nuestro rostro expresa, produciéndose con frecuencia un doble lenguaje: el de las palabras y el del cuerpo. El cuerpo habla y no engaña. El rostro engaña menos aún.
-   “Hablar en tono firme y ritmo fluido”.
 
Sotillo estable que adquirir estas habilidades sociales y/o de comunicación requieren un entrenamiento, una práctica perseverante, pues se trata de corregir una comunicación interpersonal que va hacia conductas agresivas o pasivas en las que las personas son victimarias y/o víctimas. Se trata de superar esa dicotomía permanente que obstaculiza la comunicación. No es un simple ruido comunicacional. Se trata de algo más profundo, que se percibe a menudo, entre los actores políticos y sociales: el papel agresivo de victimarios o el pasivo o de víctimas. Esta dicotomía en la que se encuentra buena parte de la comunicación política en el país es resultado de un aprendizaje de décadas en la sociedad y que se establece como conducta en el hogar, en los barrios y en los medios de comunicación.
 
Los políticos cuando no están en el poder han jugado a ser víctimas de los que están en el poder y, cuando están en el poder, suelen pasar de víctimas a victimarios. Ocurre con frecuencia que se pasa de la pasividad a la violencia y de la violencia a la pasividad. Una suerte de juego de roles en la que está atrapada la política y los ciudadanos. Una conducta poco madura que conduce a aporías, callejones sin salida, a la frustración y a la violencia.
 
¿Cuál es la comunicación adecuada? La comunicación asertiva, aquella que rompe con esa dicotomía víctima/victimario, activo/pasivo, “pacífico”/violento.
 
La sociedad peruana, especialmente la política, carece de una cultura del diálogo razonable, fundamentado, persuasivo. Se busca, casi siempre, atacar con fiereza, desautorizar al adversario, negarle la posibilidad de comunicar un mensaje. Se abusa de la crítica a la persona como tal, desautorizándola, incluso, “moralmente”. No se busca razonar con las ideas del otro, sino desautorizar a la persona y, por ende, sus ideas pero sin debatirlas razonablemente.
 
La desautorización del otro consiste en su negación. Al negarlo se confronta, se ataca y se busca demolerlo, sacarlo de competencia. Pero, cuando el que suele atacar es atacado se ubica no como una persona asertiva sino como un ser desvalido, perseguido, vetado, paria: víctima.
 
Lograr una comunicación adecuada, asertiva, vale decir madura, implica argumentar sosteniendo un punto de vista que defienda “derechos” pero sin atacar, agredir ni maltratar al otro. Se busca conseguir lo que se desea respetando al interlocutor, al otro, al próximo.
 
La política en el Perú tiene que superar una larga etapa infantil en la que la grita, el agravio, el insulto se apodera de los interlocutores. Esto no sólo no ayuda al país sino que se convierte en un obstáculo en lograr la madurez como clase dirigente con el fin de conducir a la sociedad a mayores niveles de desarrollo.
 
La cultura política actual y su falta de habilidad comunicacional se encuentra aún instalada en la pre-modernidad, que no ha roto y más bien cultiva la idea de los “líderes” indiscutibles, los dueños de la verdad o líderes que intentan ubicarse por encima del bien y del mal, que pretenden confrontar en todo momento y lugar, o evadir una respuesta. Estas personas arrastran tras de sí a sus partidos. Inventan pronunciamientos del partido al margen de los dirigentes que se subordinan por un interés personal al que, luego, califican como conducta  “leal” cuanto se trata de la subordinación a una persona, a un dirigente manipulador y no a la verdad.
 
Realicemos el esfuerzo de mejorar nuestra comunicación pre-moderna, superando la idea de la personas o partidos infalibles frente al cual hay que subordinarse. Busquemos en la “gaya ciencia” o en el “alegre saber”, en una afectividad madura, en la libertad y la democracia como conceptos inseparables, para actuar como seres adultos.
 
Se trata de dejar atrás a partir del aprendizaje práctico, formas culturales, hábitos, costumbres pre-modernas establecidas en la sociedad. Hacerlo implica rupturas interiores indispensables. Se puede hablar de temas trascendentales y hasta citar a filósofos  y pensadores que sustentaron su visión de la sociedad en una profunda visión ética pero si no hay un cambio en la práctica que conduzca a modificar las estructurales políticas, culturales y comunicacionales, todo quedará en palabras, palabras, palabras.
 
* Dr. César Sotillo Zevallos, “Guía de Habilidades Sociales para familiares de discapacitados mentales crónicos”. Año 2004. Además firman el texto el Dr. Carlos Echeverría Quevedo y el psicólogo Luis Caycho Bajonero.

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