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Columnas de Opinión : Oswaldo Carpio
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lunes, 30 de septiembre de 2013
¿Por qué el Perú no ha clasificado al Mundial de Fútbol de Brasil?
32 años sin asistir a un Mundial y cuatro años más sin luz en el horizonte.
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Todos los días los aficionados al fútbol en el Perú nos preguntamos por qué nuestra selección de fútbol no ha clasificado al Mundial 2014 en Brasil. En cada eliminatoria se enciende la hoguera de la pasión futbolera y los que más se vuelcan al deporte más popular, los que en el argot de los verdaderos son llamados los turistas, aparecen entusiasmados para luego desaparecer. Ellos nunca van a los estadios a alentar a sus equipos. Simplemente asisten porque se suman a la corriente. De la misma forma ocurre con el voleibol. El Perú no es campeón de Sudamérica y no está entre los tres primeros países con gran afición al voleibol femenino. Estamos detrás de Brasil, Argentina y Colombia. Le ganamos con las justas a Venezuela en esta parte del Continente.
 
¿Cuál son las causas por las cuáles vamos de fracaso en fracaso? ¿Por qué empezamos ganando el primer partido y luego nos precipitamos hacia una sucesión de derrotas y empates penosos? Las respuestas fáciles no nos ayudan a entender las causas. Vayamos al fondo del tema.
 
1.    No hay clase dirigente. Igual como sucede en la actividad política en la que no existe una clase dirigente, es decir, no existen verdaderos líderes políticos, en el fútbol no hay dirigentes y, mucho menos, líderes. Existen anti-líderes como Manuel Burga  -antes Delfino- cuyo único interés es la ganancia fácil. En realidad no les interesa el fútbol. Les interesa tener el control de la Federación Peruana de Fútbol (FPF) y de la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional (ADFP). La primera, es la que convoca y organiza el fútbol en el Perú. El poder emana de las bases. Pero esas “bases” están formadas por pequeños grupos cuyo único interés es el control de la entidad en los planos distrital, provincial y departamental, de tal forma que mantienen su poder y ciertos privilegios que emanan del vértice del poder. Así, Manuel Burga es elegido por “las bases”, que reciben toda clase de estipendios para su labor, además de viajes dentro y fuera del país. El poder no tiene como fin servir al fútbol. El poder sirve para mantener el poder en detrimento del fútbol. Por ello las bases del campeonato están mal hechas y los árbitros son deficientes; y, por todo ello, los campeonatos son de baja calidad. Los dirigentes organizan campeonatos de acuerdo a sus intereses. No de acuerdo a los intereses del fútbol. Igual ocurre con la ADFP en la cual se elige a una persona que carece de toda capacidad para liderar. Su principal capacidad reside en ser permeable a los intereses, conveniencias, presiones y chantajes de los dirigentes ocasionales de los clubes lo que, a su vez, son manejadas como una chacra del siglo XIX. No hay planes estratégicos, tampoco gerencias modernas ni administración  del siglo XXI. Todos se mueven de acuerdo al interés monetario inmediato o de cortísimo plazo. No hay negocio en el fútbol. Hay negociados. Sin clase dirigente, la FPF y la AFFP van a la deriva, ofreciendo a los aficionados todo tipo de ofertas populistas con el fin de ganar dinero fácil. No con el fin de hacer que el fútbol crezca y se proyecte.
 
2.   No tenemos clubes profesionales pese a que intentan aparentarlo o parecerlo. No haya clubes. Los clubes no lo son. Se trata en realidad de entidades totalmente cerradas y controladas por pequeños grupos que pugnan por tomar el control con el fin de hacer de las suyas. Un ejemplo que se repite en todo el fútbol peruano con matices de diferencia y nada más. Alianza Lima ha “perdido” durante una década toda la contabilidad y la documentación contable. La primera vez, porque la directiva que no tenía como informar, según las hipótesis policiales, organizó un robo desde dentro. Se robaron toda la contabilidad del club. El nuevo “presidente”, estuvo cinco años y desapareció la contabilidad. Se “esfumó” impunemente toda la contabilidad. La administración temporal no realiza ningún esfuerzo por recuperarla porque no es su interés y el poder de las mafias es tan grande que la desaparición de la contabilidad durante más de una década se esfumó. Mientras Alianza Lima padecía de todas las carencias imaginables un minúsculo grupo de “dirigentes” se enriquecían. ¿Qué fue de Cienciano y de sus ingresos por los triunfos internacionales obtenidos? Ese “club” ni siquiera tenía local propio. Pero, los demás, con alguna que otra excepción, padecen lo mismo. Los dirigentes luchan por llegar al gobierno de un club y una vez en la presidencia hacen lo mismo que los que los antecedieron: manejar los recursos del club con fines personales, ajenos a toda forma transparente. Se usan toda clase de artimañas que se escudan en una cultura machista, patrimonialista y prebendalista. Hay muy pocas excepciones que confirman la regla. La cultura de la pendejada a penetrado y a tomado posesión del fútbol peruano, incluidas las barras que "luchan" por intereses económicos -las entradas que son "obsequiadas y luego negociadas- y que se convierten en aliados del poder del dirigente del momento. El populismo, la demagogia y la mentira se instalan como discurso y como práctica difícil de descifrar para los que ven el fútbol de lejos. Estando dentro se descubre la maraña de robos, intrigas, maldades y opacidad general que domina al fútbol peruano que es reflejo perfecto de lo que es la clase dirigente. Lo que más se parece a la política peruana es la clase de personas que dirigen los clubes de fútbol, salvo excepciones que confirman la regla.
 
3.   No se forma jugadores. En esa miseria moral y organizativa, en lo que menos se invierte es en el capital humano, en el jugador que si tiene algún tutor o familiar que lo oriente puede salir y jugar con brillo y brío en el exterior. Claudio Pizarro, Paolo Guerrero y Jefferson Farfán tuvieron buena educación. El primero, orientado por su familia. Los dos últimos, orientados por sus padres (Guerrero) y por su madre (Farfán). Los dos últimos, gozaron, además, una formación especial en el colegio los Reyes Rojos. Pero, los demás jugadores, no cuentan con dirigentes que los apoyen porque éstos lo único que intentan es venderlos lo más pronto posible con el fin de obtener una ganancia. No hay divisiones menores en el fútbol peruano y, cuando existe, los jugadores no cuentan ni con la orientación y apoyo psicológico y menos nutricional. Los jugadores no crecen humanamente, futbolísticamente ni técnicamente. Para los dirigentes la formación humana es cosa de tontos. Lo importante es vender a su jugador, a su descubrimiento, lo más pronto posible. Existen excepciones que confirman la regla. Los dirigentes, además, son un pésimo ejemplo para los jóvenes jugadores pues cuando salen de viaje se presentan con sus “hembritas” ante los jugadores, llegan embriagados, no son consistentes, no tienen clara su vida, mucho menos van a poder orientar a los jugadores. En clubes que encabezan el fútbol mundial como el Barcelona se busca que el futbolista que se forma en la institución se forme como persona y, de esa manera, sea un gran futbolista. En el Perú lo que se pretende es vender lo más pronto al jugador. No interesa el ser, el jugador y el sentido de su profesión. Incluso la vocera de una empresa interventora ha declarado que su objetivo inmediato es "exportar" jugadores. No dicen nada de su formación, educación, valores, sentido de su profesión. El objetivo es vender a los jóvenes para obtener ingresos en el corto plazo porque de ello dependen sus ingresos como administradora temporal. Ni siquiera en el capitalismo más elemental se ha podido formular una propuesta tan simplista: formar divisiones menores para venderlos al extranjero. Así de simple. No para que los jugadores y los clubes ganen siquiera campeonatos en el Perú. Se trata de vender jugadores y punto. ¡Es la visión "moderna" de una empresa dedicada a la administración temporal!
 
4.   No hay infraestructura de calidad. Los estadios en el Perú no son pocos pero las canchas y los camerinos son deplorables. Incluso hay “dirigentes” que reciben a los equipos visitantes con los baños descompuestos e inundados de inmundicias con el fin de “bajar” al rival. Los campos de juego son “conejeras” que no sirven al fútbol pues impiden un juego de calidad, ya que obliga a jugar a los pelotazos. Desde fuera los campos se perciben verdes. De cerca no son aptos para un fútbol moderno. Esta carencia de infraestructura de calidad implica inversión a la que no están dispuestos los “dirigentes”. Pero, la carencia de infraestructura sería un mal menor si no fuera porque el fútbol en el Perú se juega en geografías y pisos ecológicos severamente variados. Así, se puede jugar en frío Cusco entre 3500 msnm y 3900, dependiendo si se juega en Cusco o en Espinar y tres días más tarde en la amazonía o en el calor de Piura. De esta forma, con un campo de juego de mala calidad y con camerinos que no lo son, el jugador es maltratado. El desgaste entre un partido y otro es enorme. Pero, eso, a los que “dirigen” el fútbol les tiene sin cuidado. Pero la infraestructura para el fortalecimiento físico está formada por gimnasios que se usaban en el siglo pasado. La mayor parte de los avances tecnológicos tanto para el mantenimiento de los campos de juego como para la formación del jugador profesional no se usan en el Perú. Estamos aún en el siglo pasado.
 
5.   No hay gerentes especializados en fútbol y las actividades conexas. El fútbol en el mundo está formado por grandes organizaciones que mueven anualmente miles de millones de dólares. Un jugador de alta competencia puede ganar entre tres a 50 o más millones de dólares al año. Pero eso es posible porque en el fútbol hay desde hace muchos años profesionales especializados en fútbol desde gerentes generales hasta gerentes en asuntos de fútbol, societarios, económicos, financieros, de marketing, entre tantos otros; hasta gerencias y personal profesional en diversas especialidades como medicina deportiva, rehabilitación, fisiología, nutrición  y otros temas de carácter estrictamente técnico. Las diversas especialidades de marketing hablan de una gran especialización y división del trabajo. A esta base se suman los entrenadores, preparadores físicos, psicólogos y técnicos en temas relacionados con la actividad deportiva. El fútbol es una actividad de alta competencia de carácter mundial en la que no se improvisa. Existen universidades del fútbol como en México. Los profesionales se forman en programas universitarios dedicados al deporte en general y al fútbol en particular.  En el Perú estamos en la edad de piedra; con las justas hay uno que otro gerente que actúa como un simple aprendiz, lejos del nivel de un profesional especializado. En el Perú tenemos aficionados al fútbol, que hacen el papel de dirigentes “todistas” que creen que pueden presidir un club y hacer las diversas especialidades sin haber estudiado nada relacionado con el fútbol. Reemplazan la simple emoción con una "intuición" y un activismo nada santo, pues lo que preside todo es la prebenda. Estos “dirigentes” improvisados dicen trabajar “gratis”, lo que no es cierto. Un grupo reducido de ellos realiza muy malos manejos económicos con el objetivo de financiar sus excesivos gastos en desmedro de la institución y del profesionalismo. Ganan en las compras y en las ventas de los jugadores. Importan jugadores de mala calidad o lesionados por sumas que jamás ganarían en sus países en acuerdo con representantes pillos que buscan estafar a los aficionados. Ellos son los que más se oponen a la profesionalización real del fútbol. Sin dirigentes, sin gerentes y sin profesionales especializados, el fútbol, como negocio se transforma en un negociado de cortísimo plazo que es el tiempo en el que pueden obtener sus coimas y reelegirse sin causar serios escándalos, aún cuando eso es imposible. Sin embargo, se arriesgan incluso hasta a asaltar sus propios clubes para borras las huellas de sus delitos.
 
6.   Periodistas deportivos que juegan el triste papel de bufones de la corte. Alrededor del fútbol se mueven intereses económicos que buscan crear una imagen que no corresponde con la realidad. Se paga por lo bajo a periodistas para que hablen bien de tal o cual club; que hable bien de tal o cual dirigente; que hablen bien de tal o cual entrenador. No son todos. Pero la prensa deportiva es de muy baja calidad profesional. Son pocos los periodistas que buscan especializarse, estudiar, aprender, escuchar, publicar información estadística, formar una conciencia crítica en el aficionado. El periodismo deportivo, en general es directamente proporcional a la calidad de los dirigentes. De esta forma, los diarios, los suplementos semanales y los programas de televisión y radio, juegan a la pasión pero no crean una masa crítica. Otros cumplen el triste papel de periodistas “ácidos”, “destructivos” que nada aportan salvo su grita destemplada y su radicalismo grosero y ramplón. Son los “malos” de la película, los matoncitos que les hacen el juego a los pésimos dirigentes porque son funcionales a ellos pues necesitan ese tipo de periodista que aparenta “nihilismo”, radicalidad extrema que esconde una simple pose que “vende” una imagen de intransigencia y honradez. Son pocos los periodistas que estudian, que fundamentan, que ayudan a formar una masa crítica entre los aficionados.
 
7.    Los problemas estructurales del país. El Perú no ha logrado resolver los problemas acumulados a lo largo de más de tres décadas perdidas -70, 80 y 90 del siglo pasado-. Si bien en los años 90 empieza la derrota del terrorismo y el ordenamiento de la economía, la verdad es que muy poco se hizo por la educación y, especialmente, en el fútbol. Lo peor es que los vicios de la política de los 90 se filtraron al fútbol en la peor forma: politiquería de los dirigentes, réplica de la cultura política en la cultura dirigencial del fútbol, de tal forma que tuvimos dirigentes deportivos que terminaron en el Congreso de la República para lograr la tan ansiada impunidad.  En la educación primaria y secundaria no hay una formación en deportes. Los colegios no cuentan ni con campos deportivos y mucho menos con entrenadores. A diferencia de lo que ocurría en los años 60 del siglo pasado cuando en las llamadas Grandes Unidades Escolares (GUE) había campos deportivos, entrenadores y campeonatos inter-escolares de donde salieron los jugadores de México 70, promoción que se estiró hasta el año 82. Desde entonces, la educación peruana ingresó a una crisis muy profunda en la que la paupérrima formación, la indisciplina y la ausencia de valores son, prácticamente, la norma. Los alumnos de las GUE de los años 50 y 60 del siglo pasado tenían asegurada su alimentación en esos colegios. En los años de la crisis los estudiantes estaban desnutridos. Todo ello se refleja en el jugador de fútbol que no tiene la estatura, la masa muscular, la fortaleza física para la alta competencia, con las excepciones antes señaladas. Esa falta de nutrición, talla y fortaleza emocional y mental se manifiesta en el campo de juego. Los jugadores peruanos no ganan de visitantes. Se empequeñecen y no logran ganar un solo partido de visita. Hay una debilidad emocional muy fuerte. Lo que debe saberse es que en el campo de juego los jugadores hablan. Muchas veces los peruanos se caen cuando les dicen “indios”, “muertos de hambre” o cuando los amedrentan y los golpean. El jugador se cae emocionalmente. No es un tema personal. Es un asunto relacionado con los problemas estructurales del país que no es fuerte emocionalmente, tampoco mental ni físicamente. Por eso se habla de la “gitanería” del fútbol peruano. En un momento se encienden las luces y luego se apagan. No hay una fortaleza que permita la estabilidad individual y colectiva.
 
8.   No somos un país competitivo y el capital social es una de nuestras principales debilidades. El fútbol es un juego asociado. El Perú está avanzando hacia mayores niveles de competitividad pero estamos muy lejos de los países en los que el esfuerzo individual y social se funden para darle una dimensión nacional a la competencia. Nuestra principal debilidad como país es la desconfianza, la incapacidad para asociarnos y trabajar juntos. La mayor parte de las empresas nacionales son familiares. La desconfianza y la baja capacidad para asociarse se reflejan claramente en el fútbol en donde juegan equipos y no individualidades. En la alta competencia las individualidades destacan como parte de un equipo. El fútbol es un deporte en el que existen sociedades en el campo de juego dentro de la gran sociedad que es el equipo y su estrategia. En el Perú no existe disciplina táctica ni estratégica. Hay habilidad, hay talento pero no hay técnica ni labor asociada. La indisciplina se impone no sólo fuera del campo de juego, también dentro. Esta incapacidad para asociarnos tiene un enorme impacto en el fútbol que se percibe más en los partidos en el exterior en donde los jugadores alejados de la presión son presas de las fuerzas centrífugas. Muy pocos son los que asumen el liderazgo colectivo. Países con menor desarrollo económico como Paraguay y Ecuador, han logrado, sin embargo, mayor cohesión interna porque son países menos divididos en el Perú en el que la moral del pendejo o la moral de la pendejada se imponen sobre la necesaria confianza para asociarse. El pundonor, en esas circunstancias, se convierte en un tema individual y no de equipo.
 
9.   El Perú pretende jugar como equipo grande cuando es un equipo de mediano a pequeño. No somos un país fuerte en el fútbol. Países como Uruguay que cuenta con jugadores en las grandes ligas mundiales juega al contragolpe porque sabe de sus debilidades si se le compara con los países más competitivos de Europa y América. Uruguay tiene una estrategia adecuada a su capacidad estructural. Uruguay gana porque tiene un juego defensivo como delanteros muy rápidos y efectivos. Lo mismo sucede con Paraguay que tiene un fútbol aguerrido y que juega al contragolpe. El Perú no es una potencia futbolística pero, sin embargo, su estrategia en el campo de juego es la de un equipo que pretende jugar igual con los de su mismo nivel y con los equipos competitivos. Esa visión estratégica es errónea, equivocada, no parte de la realidad. No fuimos, no hemos sino y no somos una potencia futbolística en América del Sur. Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Colombia y Ecuador son más competitivos que Perú y, sin embargo, cuando tienen que chocar con rivales estratégicamente más fuertes que ellos juegan con una estrategia defensiva. El Perú jugó en la Copa América como equipo mediano/chico y quedó tercero con un delantero en punta –Paolo Guerrero- y con una defensa y un medio campo ordenado y prolijo. En las eliminatorias debió jugar de esa forma pero cambió su sistema de juego como si tuviéramos a los mejores jugadores del mundo. Una estrategia que supuso que teníamos cuatro jugadores fantásticos –los cuatro fantásticos, les llamaron- cuando los cuatro son solamente destacados profesionales en sus equipos del primer mundo y, a veces, son suplentes en sus equipos. No existe una generación como la de los 60/70 con César Cueto, Teófilo Cubillas, Julio Baylón, Hugo Sotíl, Roberto Challe, José Velásquez, “Pitín” Zegarra, Perico León, Juan Carlos Oblitas, Juan José Muñante y tantos otros. Esa cantidad y calidad de jugadores es resultado de un momento distinto en la sociedad peruana. Desde entonces el Perú ingresó en una decadencia. Eso futbolistas jugaron en los años 70 y comienzos de los 80 del siglo pasado pero se formaron como personas y como jugadores en los años 50 y 60, lo que se reflejó en los años siguientes. Cuando empieza la crisis no se lograr formar una nueva generación de futbolistas de esa calidad. La actual que está terminando pudo jugar un mejor papel pero los malos dirigentes lo han impedido. Porque ha habido una recuperación parcial y hubo nuevos jugadores pero la improvisación y el oportunismo resultado del prebendalismo y la rapiña no han permitido éxitos deportivos.
 
10. La improvisación y los problemas del día a día. El fútbol peruano se mantiene en el mundo de la improvisación y el manejo del día a día. Hoy los dos clubes más populares y algunos otros que son cabeza en provincias, están intervenidos judicialmente. Estas administraciones temporales no entienden de fútbol ni les interesa aprender pues su interés es ganar mes a mes lo que la ley estipula. Su interés es cobrar y que las cuentas estén en azul. No hay visión estratégica y los socios de los clubes no tienen ni voz ni voto. Los viejos dirigentes corruptos han quedado fuera pero los dirigentes probos y los socios no tienen canales para opinar, ser escuchados y actuar. No se percibe, en esas circunstancias, que el fútbol vaya a mejorar. Se ha pretendido formar sociedades anónimas y verdaderas mafias con grandes ramificaciones intentan apoderarse de algunos clubes populares y de gran tradición. El Gobierno Nacional y el Congreso de la República no tienen la menor idea de qué hacer con el deporte en general y con el fútbol en particular. El fútbol, tal como está organizado y dirigido, no irá al mundial del 2018 ni al del 2022 si es que no se realizan cambios que permitan sancionar definitivamente a los responsables de la crisis, mientras se crean las condiciones para modernizar el deporte en general y el fútbol en particular.
 
Se requiere, entonces, una mirada que vaya a las raíces, que empiece por formar buenas personas en los centros educativos, que se alimente bien a los deportistas garantizándoles nutrición de calidad y los centros educativos se convierten en semilleros con profesionales de calidad. En lo estrictamente futbolístico se tiene que garantizar que los clubes no queden esclavizados a administradores temporales que ven su negocio pero que no saben nada de fútbol. La transición de las administraciones temporales se debe realizar en el más breve tiempo y, simultáneamente, se tiene que dar leyes en la que todos tengas los mismos derechos y obligaciones, en las que los dirigentes se conviertan en responsables con sus bienes de los manejos de los clubes y se avance a una profesionalización acelerada. Eso implica la reorganización de la FPF y de la ADFP.
 
Se requiere contar con grupos profesionales que creen nuevas bases en el fútbol peruano que debe ser refundado. Mientras tanto, no juguemos como una potencia del fútbol. Somos un país pequeño en fútbol que tiene aspiraciones hacia una mediana potencia –así es nuestro país, estamos en el puesto 77º en el orden mundial, mientras Chile está en el puesto 40º y Argentina en el 43º-. Juguemos con una estrategia acorde con lo que somos y podremos tener mejores resultados. Para lograr éxitos en todo orden de cosas hay que darle primacía a la realidad. Juguemos de acuerdo a nuestro potencial actual. Un equipo pequeño aspira a ser mediano no juega de igual-igual con otras potencias más fuertes. Eso es el ABC en todo orden  de actividades humanas. Podemos ganar y triunfar si somos realistas de lo contrario seguiremos fracasando. El camino del éxito es posible pero hay que tener el coraje de realizar grandes modernizaciones en educación, deporte y fútbol.
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