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Kachkarinaqmi (Sigo siendo)

Es la reciente película documental de Javier Corcuera que relata las historias de distintos grupos sociales-étnicos-culturales del Perú. Kachkarinaqmi es un vocablo quechua-Chanca que traducido al español significa sigo siendo, estoy viviendo, sigo viviendo.
 
La historia de los chancas en milenaria y en la historia escrita se relata su derrota por el ejército del Inca Pachacútec en 1438. Los Chancas (los Hanan Chancas) y los Pocras, luego de la derrota huyen hacia la selva y se establecen en Lamas, hoy departamento de San Martín. Desde entonces, los chankas abandonaron su territorio. Pero no del todo. Más de 500 años después los peruanos de origen Chanka de Ayacucho y Huancavelica se encuentran dispersos en diversos lugares del Perú pero especialmente en Lima, ciudad en la que hoy habitan peruanos originarios de distintas regiones y raíces. Hasta aquí llegaron Máximo Damián y Andrés “Chimango” Lares, los dos violinistas que se comprometen con la enseñanza de José María Arguedas de ser auténticos, ser ellos mismos, no abandonar sus raíces culturales. Desde Lima y en un eterno retorno a sus pueblos, renuevan sus raíces, su compromiso y una suerte de militancia en la música y la cultura de su pueblo. De alguna manera, la presencia de estos personajes, es el descubrimiento de que la cultura chanka está viva y que pese a las derrotas, a los siglos de migración este pueblo, su idioma y su cultura están vivos.
 
Una de las características de la globalización y el mercado mundial es que ha vinculado y generado un espacio de comunicación en los pueblos del mundo. El mercado mundial, la incesante revolución científica y tecnológica, la televisión, Internet, las redes sociales en el mundo han creado una humanidad cada vez más cercana, sin embargo, esta unidad mundial no desaparece, homogeniza ni aplaca las particularidades ni las individualidades. Al contrario, genera las condiciones para la afirmación de lo particular, lo propio, lo originario y su evolución. Las personas y los pueblos buscan hoy cada vez más diferenciarse para encontrarse consigo mismos en un mundo que descubre que la humanidad es una sola pero diversa. El Perú, en este mundo en veloces cambios, es cada vez más mestizo, más fusionado, más integrado pero, simultáneamente, particular, distinto, variado.
 
En este documental los peruanos de origen chanka están, también, en el toque de violín de los zapateadores afroperuanos de El Carmen. El reconocimiento a Amador Ballumbrosio se expresa en el testimonio de Camilo y César Ballumbrosio, y los zapateadores de ese pueblo que reúne a los afroperuanos pero en el que descubrimos su mestizaje culturala y étnico con los chancas de huancavelica. La música, por ello, no es sólo afroperuana. La presencia del violín (hispano) y la música creada con ese violín es, también, andina, Chanka, esta vez de Huancavelica. De alguna manera, el documental expresa el desplazamiento de los ayacuchanos y huancavelicanos en Lima y en Chincha, y su presencia invisible pero permanente en la creación de la diversidad cultural del Perú,  país diverso y entremezclado, creador de cada vez nuevas fusiones, nueva música, nuevas danzas, nuevas formas creativas de vivir y de sobrevivir. Aceptamos la fusión en la gastronomía. También, ahora, poco a poco, estamos todos aceptando la extraordinaria creación musical en el Perú.
 
En este documental encontramos la historia de una mujer Shipiba que canta a la vida en la que ha crecido y nos descubre el lenguaje del agua, de las aves, de la tierra, de los árboles, de la exuberante naturaleza que resiste a la depredación, la destrucción y la indiferencia.  No todas las aves cantan igual. Las aves tienen un lenguaje que ella entiende, a veces es triste otras veces alegre.
 
El agua está presente a través del río y del mar, en imágenes y el verbo, en una edición que nos transporta de las diversas culturas costeñas a las de la amazonia y de la sierra. La inmensidad de la Tierra, sus misterios, su belleza indescriptible y el milagro permanente de la existencia. El canto y la reflexión de esta mujer Shipiba nos enseña que la vida que nos ha prestado la naturaleza puede terminarse y que venimos de ella, formamos parte de ella y volveremos a ella. No es una adevertencia. Es una reflexión desde su experienicia de vida, desde su madurez, desde su conocimiento ancestral.
 
En este mundo humano está presente el mestizo de Lima, el negro, el zambo, el mulato, el cholo y el blanco en su música, en la danza, en su capacidad para expresar desde el arte la complejidad de la existencia en la gran ciudad. No hay espacio para el facilismo ni la exclusión. No están todos porque no es una enciclopedia, es una película Pero, desde el punto de vista del realizador, están los grupos olvidados, lo que se han desplazado desde la sierra a todos los lugares del Perú y desde el África hacia el Perú, y hacia Lima en la que han convergido todos porque Lima es ahora el nuevo centro del Perú, el espacio abierto a todos desde hace siete décadas de intensa migración. Lima es el gran centro en el que han convergido todos sin distinción. Aquí estamos ahora todos reunidos.
 
En este documental no están los afro peruanos del norte – La Libertad, Lambayeque, Piura y Tumbes- ni del sur -Arequipa, Moquegua, Tacna- tampoco está la música de Puno ni de la capital del imperio de los incas y tampoco de la sierra norte. La del Valle del Mantaro se escucha expersando la fuerza de sus vientos pero no vemos a sus personajes. Pero los que están con sus historias nos hablan de ese movimiento perpetuo del ser humano, el carácter errabundo del ser humano, su ausencia y su retorno. El propio Javier Corcuera es un cineasta que se mueve por el mundo porque ese es el sino del hombre en su encuentro, en el descubrimiento de que somos uno pero diversos y que para serlo tenemos que volver a nuestras raíces, renovándolas y renovándonos.
 
Las diversas culturas han buscando expresar ese mundo en permanente movimiento y lo han hecho en una de sus expresiones  más hermosas, la música y la danza, que no son nunca las mismas. Siempre se renuevan, evolucionan, cambian, mezclándose, haciéndose mestizas. Es cultura viva. Lo antiguo que podría verse de manera maniquea, sin embargo, en la realidad de nuestros pueblos unió a los africanos con los andinos, a los europeos-hispanos con los pueblos andinos y a los asiáticos con los andinos. La clave es la andinidad, esa cultura viva abierta a todos y que va dándole su impronta específica. Lo andino no excluye, integra, otorgándolo una nueva forma, un nuevo color, una nueva música, un nuevo sentido.
 
Nuestro ingreso a occidente ha sido de quiebres y desencuentros pero también de encuentros. Somos occidentales desde la costa desértica, desde los andes de la sierra y desde la amazonía, también andina. La música y los instrumentos musicales son una expresión única de ese encuentro que nos ha enriquecido porque el arpa, el violín y los instrumentos de viento de la música huanca, por ejemplo, son europeos, occidentales. Somos andinos y somos occidentales. Somos andinos-occidentalizados. No hay nada puro. Ni los chancas, ni los pocras, ni los pueblos afro, ni los blancos ni los pueblos de la Amazonía son puros. Están mesclados. Somos mestizos en permanente movimiento y fusión.
 
Volver a las fuentes, entonces, en Kachkarinaqmi es volver a los orígenes sin un sentido chauvinista. Volver a los orígenes es reconocerse, seguir siendo, en un mundo tan diverso y en acelerados cambios, desde la propia particularidad. Por ello esa vuelta a los orígenes, ese bautizo de las tijeras de la joven danzante –Palominta- en las grandes alturas, en la cascada más alta, en la cabecera de cuenca, en los lugares en donde "nace el agua" es una vuelta a los orígenes pero no para quedarse allí. Se llega allí para encontrarse con la raíces, para seguir viviendo, seguir siendo.
 
Igual sucede con los criollos de la gran ciudad, criollos que extrañan la jarana del viejo callejón pero que siguen creando, siguen recordando  sus orígenes pero sin la nostalgia del mundo que se fue y que no volverá porque nada vuelve, todo se renueva, todo cambia. El presente incorpora al pasado pero ya no es el pasado. Tampoco es el futuro. El presente es como estar en el ingreso, en una puerta. El pasado ya no existe pero está en nosotros. El futuro tampoco. Existe el presente que podemos vivir creadoramente, conscientes que ese presente es el futuro y el pasado condensados.
 
Lo único que no cambia es el cambio. Como en la rueda imaginaria que gira eternamente, la vida evoluciona. Nunca nada es lo mismo. Kachkarinaqmi no es una apuesta a la utopía reaccionaria de una vuelta al pasado o de la perpetuación del pasado o un intento de recrear en el mundo post moderno una realidad que es historia. Seguir Siendo -Sigo Siendo- es volver en el permanente movimiento -evolución- a constatar que el arte de la música y la música del arte, esa maravillosa creación humana que nos acerca al misterio, es una forma desde la cual seguimos teniendo raíces, seguimos siendo parte de una región, de una ciudad, de un país en un mundo en permanente cambio, mezcla, fusión, mestizaje: cultura viva,  creatividad  perpetua que se enriquece con el encuentro de los pueblos. Es dotarse de raíces, renovarlas, para construir alas que nos permitan volar con sentido.
 
* Kachkarinaqmi, dirigida por Javier Corcuera (cineasta peruano).  Documental, color, 120 minutos, 2013.

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