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martes, 15 de octubre de 2013
El Dao del viajero y los ocho poderes
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El Dao del Viajero es un texto inspirado en una filosofía de vida de tradición milenaria que ofrece una mirada relacionada con el sentido de nuestra existencia.
 
El Dao de Jing es una filosofía de vida construida con un sentido moral de la existencia. No es una religión. No es un catálogo de normas morales. No pretende ser la verdad ni la única explicación de las cosas pero ofrece una mirada diferente en la que se busca que el ser humano se encuentre consigo mismo para lograr entender y entenderse con el universo.
 
Los filósofos, pensadores, escritores, estrategas, asesores y medicos chinos daoístas, buscaron calidad en la vida de las personas y buscaron en la armonía la forma de encontrar la felicidad. Pretendieron la longevidad no para acumular años en la vidad sino  para darle calidad y calidez a la vida. Hoy se habla de darle no necesariamente más años a la vida sino darle más vida a los años. Ese fue el sentido de la investigación de los sabios taoístas: darle calidad a la vida.
 
Los sabios daoístas crearon disciplinas para encontrar la armonía. Practicaron el  Daijiquan (Tai Chi Chuan) y el Qigong (Chi Kong) danzas que en las que disciplinadamente -usar la mente sin forzar/dañar la mente; usar el cuerpo sin forzar/dañar el cuerpo- intentaron alcanzar el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el espíritu. El cuerpo se desplaza en armonía a través de movimientos que ayudan al equilibrio interno.
 
La mente, el espíritu y las emociones habitan nuestro cuerpo. Los filósogos daoístas buscaron integrar, entonces, estas dimensiones sin separarlas ni contraponerlas como se hizo en algún momento en el mundo que privilegió la mente relegando o maltratando el cuerpo o convirtiéndolo en sinónimo de “pecado”; y cuando se priorizó el cuerpo, se hizo hasta la exageración dañando, incluso, al cuerpo sin desarrollar el espíritu y la mente.  Se trata de integrar todos los aspectos que forman al ser buscando la armonía.
 
En la filosofía daoísta se trata de buscar el equilibrio, el centro, la armonía. Por ello, todo es Uno y ese Uno, está en movimiento, en contradicción, en cambio. El Uno se divide en el Yin y el Yan. Perdemos el Centro, la armonía, el equilibrio pero podemos volver a él. La enfermedad, por ejemplo,  es una pérdida de la armonía interna. Por ello, los sanadores/médicos buscan la armonía de la persona. Se usa, por ejemplo, la acupuntura para armonizar la energía del cuerpo que es sumamente complejo e infinito en sus posibilidades. Por ello, la medicina daoísta trata la enfermedad abarcando todos los aspectos: mente, emoción, cuerpo, espíritu. Todo en Uno. Repito: mente, emoción, espíritu habitan en el cuerpo. Por ello el cuerpo es el milagro en el que habita todo y, eso, implica cuidar el cuerpo. Por ejemplo: comer pero no tragar; ejercitar al cuerpo sin lesionarlo;  estudiar, sin agotar la mente y el cerebro, etc.
 
Se pretende encontrar una forma de vivir mejor: vivir en armonía con uno mismo, con los demás y con la naturaleza, con las tres grandes relaciones simultáneamente. Pero, la clave de todo, se encuentra en la armonía y el conocimiento de uno mismo, que nos permite
entendernos y buscar relacionarnos sin competir con nadie, ni siquiera con uno mismo pues de lo que se trata es de encontrarnos con nosotros mismos en nuestro ser interior que se manifiesta en distintas formas. Somos diferentes unos de otros, en consecuencia, no se trata de ser mejor que otro ni de competir ni de “ganar” porque siempre encontrarás a alguien diferente a ti y con cualidades distintas y/o “superiores” en uno u otro aspecto.
 
Se busca vivir dándole más vida a los años y, si es posible,  más años a la vida. Alcanzar calidad de vida y, si es posible, mayor tiempo de vida. Eso se podría lograr en la búsqueda, siempre, de la armonía; el Centro que es una actitud, una manera de ser, de sentir, de pensar, de actuar, de relacionarnos, en suma, de vivir. Por ello, el que está en armonía vive cada instante eternamente porque siente los sabores, los olores, escucha y goza la música y todo lo que percibe lo puede disfrutar. En cambio el que no logra la armonía o no sabe que puede vivir otra forma de vida, busca la cantidad y no la calidad y por eso no disfruta porque su desarmonía o inarmonía lo conduce a buscar frenéticamente la cantidad: acumular cada vez más ya sea riqueza, comida, bienes materiales, sin comprender que en cada uno existe la posibilidd de disfrutar de las cosas de la vida.
La vida se entiende, entonces, en  la búsqueda de la calidad y no por la cantidad y
acumulación.
 
La vida se define por los grandes tesoros que están en nosotros en sí mismos y no por la cantidad de cosas que acumulamos y vemos en un sin sentido desequilibrado.  ¿Hemos descubierto cuáles son nuestros tesoros internos? ¿Hemos disfrutado de lo que realmente somos?
 
El Dao puede ser traducido como camino o como sentido. El Dao es un camino o sentido de la existencia.
 
El Viajero es nuestro tránsito por la vida, por ese camino o por esa búsqueda cotidiana del sentido de las cosas, de nuestra existencia, de nuestro ser.
 
Las cosas cuando las hacemos porque las pensamos y las sentimos, tienen un sentido, una armonía interior. Cuando no existe ese sentido de búsqueda de la armonía crece la infelicidad, las personas se mueven en la cantidad, la acumulación, el exhibicionismo, la fama y otras formas superficiales, deleznables, en las que está atrapado buena parte del mundo.
 
La calidad es lo fundamental en la vida: los valores, los principios que practicamos y que no declamamos. Ellos son nuestros tesoros. Por ello, se considera que cuando actúas con precipitación o con temeridad, pierdes los tesoros más maravillosos que están dentro de ti. Los tesoros no son la riqueza acumulada ni el poder.
 
El poder hoy está vacío en el peor sentido de la palabra. Se ejerce el poder sin valores. Entonces, los que acumulan poder se autodestruyen y destruyen a los demás. Se miente, se roba, se manipula porque no hay armonía ni sentido de las cosas. El poder tiene que ser ejercido con la grandeza de nuestros tesoros interiores. Por ello es que lo que gobiernan, sino saben ellos mismos lo que quieren, menos podrán gobernan a los demás. Cuando gobiernan crean infelicidad.
 
Luego del largo viaje te encontrarás sólo contigo mismo y nada de lo que has acumulado y por lo que te has desvivido te será útil, lo cual no quiere decir que no cuentes con lo necesario para vivir en armonía. La idea es no desvivirte por la acumulación porque eso no te dará felicidad. Tal vez te dé algunas alegrías pasajeras porque una cosa es la alegría y otra la felicidad. Alguien feliz puede estar triste y ser feliz. En cambio un ser infeliz puede tener momentos de alegría como acumulación en un sin sentido de infelicidad permanente.
 
Toda la visión del Dao De Jing se construye sobre la idea del vacío y el lleno y la unidad y oposición de los contrarios (el Yin y el Yan). Venimos del vacío y nuestra vida se da en el lleno, en la acción, en la existencia misma y termina en el vacío. Pero, vivimos en el lleno y diariamente podemos y debemos ir al vacío, al encuentro con nosotros mismos, a la meditación, la oración, el vacío. Esa contradicción entre lleno y vacio es uno de los caminos para la sabiduría.
 
Para ser más sabio no hay, entonces, que llenar el cerebro de “conocimiento” en el sentido de acumulación. Eso no nos hace más sabios. Nos convierte en acumuladores de información que muchas veces no sabemos siquiera utilizar, ni entendemos para qué sirve. El necio acumula sin entender. El sabio entiende sin acumular.  El sabio le da un sentido a lo que sabe y a lo que hace. La sabiduría está en uno mismo y eso implica reconocer al otro, que el otro existe y que está siempre en relación con nosotros. Pero el otro que nos influye nos enriquece si podemos entenderlo en sus temores, sus carencias, sus debilidades y, también, en su propia sabiduría.
 
El que sabe no habla, el que no sabe habla, afirman los sabios dadoístas; porque el conocimiento es infinito y, por más que acumules conocimientos, no llegarás a conocerlo todo. Por eso el necio habla sin detenerse, sin reflexionar, sin analizar, comparar, evaluar, sin entender lo que dice. Lo grande está dentro de nosotros mismos.  El tigre es tigre, el árbol es árbol. Es preciso ser. Tu puedes ser en el tiempo. El daoísmo es una filosofía del ser. Lo que se llama una ontología, una visión del ser desde él mismo.
 
En el mundo moderno se ha perdido el sentido de la vida y el ser desaparece en las modas, las inclinaciones, la cultura de masas, el escándalo, lo que se llama la cultura del espectáculo en la que a un escándolo lo sucede otro mayor y otro más en un sin sentido que es sólo ausencia del ser. Es el predominio de la insignificancia, de lo delesneable, de lo inútil, de lo inservible. Vivimos en el mundo de la insignificancia, de lo paupérrimo moralmente. La riqueza material sin valores conduce a la cultura de lo insignificante, el chisme, la desnudez
del cuerpo sin pena ni gloria, sin belleza. Es la inclinación al escándolo haciendo que la magestuosidad del cuerpo humano, ese extraordinario milagro, pierde sentido, valor en sí mismo.  
 
Para ser más sabios hay que ir al vacío, vaciar el cerebro y, desde el vacío, desde la creación, alcanzar el lleno, la sabiduría. Es un proceso permanente, infinito. Se practica a través de la danza, la meditación, la oración, el ejercicio, la música, la poesía, el canto, la contemplación.
La unidad y oposición de los contrarios, implica entender que somos una unidad de contrarios en acción en donde encontramos el yin y el yan, lo femenino y lo masculino, el día y la noche, el sol y la luna, es decir, lo fuerte y lo débil, el movimiento eterno de la naturaleza y su transformación. Todo nuestro cuerpo y nuestra mente están en contradicción por el yin y el yan, dos fuerzas energéticas que son el soplo de la vida. Pero implica, asimismo, entender que estamos igualmente en movimiento, en evolución y en cambio. La unidad y oposición de los contrarios sin llegar siempre al antagonismo y el conflicto, implica que todo se mueve, todo cambia, todo se transforma: el universo y dentro de él, nosotros mismos.
Lo único que no cambia es el cambio.
 
La idea del Dao es, entonces, que todo cambia. Por eso tenemos que ser como el agua que se adapta a todos los terrenos y ser como los juncos que tienen profundas raíces y que sobreviven a los mayores temporales pues la flexibilidad les permite adaptarse a los cambios en la naturaleza y en la vida, aún a los más bruscos. Entender que todo cambia nos hace tomar conciencia que no podemos aferrarnos a nada y que debemos trabajar el desapego. Amar pero sin aferrarse, poseer sin una pasión destructiva. Aferrarse a algo produce infelicidad, desasosiego, temor, angustia, tensión, agresividad y violencia contra nosotros mismos que se manifiesta, asimismo, en violencia contra los demás.
 
En la vida somos en relación a los demás y a la naturaleza una proyección de nosotros mismos. La mayor parte de las veces vemos en el otro lo que hay en nosotros mismos y cuando hablamos de los otros estamos, en realidad, hablando de nosotros mismos. Constatarlo es doloroso pero es importante porque en ese instante podremos ver nuestras pequeñes y, también, nuestra grandeza.  Podemos mirar lo mismo: el mismo paisaje, a la misma persona, la misma película, la misma obra de arte, o el mismo plato de comida: la vida misma; pero esas varias personas verán y sentirán cosas diferentes. Lo que decide qué vemos es nuestra naturaleza interior que funciona como los filtros de una cámara de cine o como distintos lentes. Vemos en el otro nuestro propio prejuicio o nuestros propios miedos. Gritamos y nos exaltamos porque vemos en el otro nuestro propio ser. El odio al otro es el odio hacia nosotros mismos.
 
Conocernos con disciplina y rompiendo el temor puede hacer que convirtamos nuestro ser interior en un tesoro. ¿Cómo? Con disciplina, entendimiento, estudio y tenacidad. Podemos esculpirnos a nosotros mismos.
 
Más importante que lo externo es lo interno, porque lo interno define lo externo. Para ser fuerte hay que serlo internamente cultivando y acrecentando los tesoros: los valores.

Para que nuestro cuerpo sea fuerte internamente hay que fortalecer los músculos internos y no los externos. Eso permite agilidad, rapidez, flexibilidad que vence a la fuerza externa. Para vencer la enfermedad hay que entender que nuestros alimentos son nuestra mejor medicina y que la danza y el ejercicio armonioso generan salud y bienestar.
 
Entre dos personas o dos ejércitos que combaten el que no ama la violencia vencerá.
El sabio cuando come no come hasta reventar. Siempre se queda con algo de “hambre”. No es la cantidad lo que da sentido a las cosas sino la calidad lo que permite alcanzar satisfacción, alegría y, si es posible, acercarnos a la felicidad. Hay que darle a nuestro cuerpo lo que merece, que es lo mejor. Porque en el cuerpo habita nuestro espíritu. Nuestro cuerpo es la casa de todo lo que construimos. ¿Cómo está tu cuerpo, cómo lo tratas? ¿Lo que introduces en tu cuerpo, es bueno, agradable, lo enriquecxe realmente? Tu cuerpo es el templo en el que habita el espíritu.
 
La felicidad no consiste en lograr alcanzarla sino en vivir en el sentido del equilibrio, el centro, la armonía en uno mismo y, de esa forma, en nuestra relación con la infinidad de las cosas de la vida. La felicidad no es entonces una meta sino una actitud, una manera de ser que consiste en amar lo que haces, encontrándole el sentido a cada cosa. Por ende, no esperes el fin de semana para divertirte y ser feliz. La diversión interior, la alegría consiste en hacer todo con armonía, equilibrio, amor. De esa forma no esperarás el fin de semana para estar alegre o ser “feliz”. Esa alegría formal puede esconder una profunda infelicidad. Entonces, la felicidad es una actitud en la vida y no es una meta ni un objetivo a alcanzar porque así jamás la alcanzarás. El fin de semana no serás feliz. La felicidad se encuentra en el día a día, en la forma cómo construyes el día a día, cómo vives el presente. El pasado ya fue. El futuro no existe. Existe el presente. Es en el presente en donde construyes el pasado y el presente. Conoce el pasado para actuar en el presente. Pero no vivas arraigado en el pasado “pastoreando rencores”. No vivas con la expectativa en el futuro. Concéntrate en el presente que es el tiempo/espacio de tu existencia.
El tiempo del ser es el hoy.
 
El  texto que leerás a continuación es una metáfora, y como tal es suceptible de tantas interpretaciones como personas las puedan leer, de nuestro paso por la vida.
 
Antes de partir, el Sabio le dijo al Viajero:
“No te olvides…
“Que el Viajero se vuelve Sabio, cuando mantiene en su conciencia constantemente que es un Viajero, que está de paso en este mundo, que lo permanente está dentro de él: sus valores, sus cualidades, su propia eternidad. 


“Toma tus precauciones, a veces, se presentan obstáculos. 


“Hay que tomar en cuenta que hoy en día, muchos se cansaron de ser niños y quisieron crecer abruptamente y ahora quisieran ser niños otra vez.
“Que otros perdieron su salud por buscar riqueza, y ahora pierden su riqueza para restaurar su salud.
“Que muchos -por pensar ansiosamente sobre el futuro -se olvidan del presente y acaban no viviendo ni en el futuro, ni en el presente. “Que otros, viven como si nunca se fueran a morir, y luego mueren como si nunca hubieran vivido”. 


 
El Viajero le dice al Sabio: 


"Los seres humanos tenemos mucho que aprender en el camino de la vida. Dime qué necesito saber, antes de seguir mi viaje. Los seres humanos tenemos que aprender mucho a cada paso que damos". 


 
El Sabio le dijo al Viajero:
“No podemos hacer que alguien nos ame, sino dejarnos amar.


“Toma años construir la confianza, y sólo pocos segundos, destruirla. 


“Lo más valioso no es lo que tenemos en la vida, sino a quién tenemos en la vida.


“No es bueno compararnos con los demás; habrá siempre quien es mejor o peor.


“La persona rica no es la que más posee, sino la que necesita menos. 


“Debería haber control sobre las actitudes, si no, son las actitudes las que nos controlan a nosotros.


“Nos toma sólo segundos abrir heridas muy profundas en las personas que amamos, y nos toma muchos años poder curarlas.


“Hay que entender que puede ser que haya alguien que nos ame, y sin embargo, no siempre sucede que sepa expresar sus sentimientos.


“El dinero puede comprar todo, menos la felicidad.
“A veces nos podemos molestar por algo, pero eso no nos da el derecho de molestar a otros.


“A veces no es suficiente ser perdonados, si no nos sabemos perdonar a nosotros mismos.


“Los seres humanos son amos y dueños de lo que poseen, pero son esclavos de lo que dicen.


“Siempre cosecharemos lo que plantamos. Si plantamos habladurías, vamos a cosechar intrigas. Si plantamos amor, vamos a cosechar felicidad.
“La verdadera felicidad no es lograr metas, sino aprender a sentirnos satisfechos con lo que logramos, sin que la envidia o los celos se apoderen de nosotros por lo que nos falta.

“Aprender que dos personas pueden estar viendo la misma cosa, y sin embargo, estar viendo algo totalmente diferente.


“Aquel que es honesto consigo mismo, a pesar de los obstáculos llegará lejos en su camino.


“Para aprender necesitas de Ocho Poderes.
“Estos son, en realidad, tu capacidad de poner en práctica tus propios valores: 


1.   El Poder de empacar el pasado,
2.   El Poder de tolerar,
3.   El Poder de adaptarse,
4.   El Poder de discernir,
5.   El Poder de juzgar,
6.   El Poder de afrontar,
7.   El Poder de cooperar
8.   El Poder de retirarse o de la introspección”.
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