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Los obstáculos de la descentralización en el Perú

Se ha cerrado un ciclo con la designación de Yehude Simons a la Presidencia del Consejo de Ministros. Simons asume una tarea sumamente compleja, dado el contexto internacional y la especial coyuntura interna, uno de cuyos puntos clave es la comunicación y la acción política en unidad con los Gobiernos Regionales y Locales.  Por ello, es preciso realizar una evaluación de la descentralización con el fin de proyectar esta reforma estratégica que pretende la modernización del Estado y la sociedad peruana. Se requiere cambiar leyes pero, sobre todo, un cambio en el espíritu y en la cultura política tradicional. Estamos aún padeciendo el hipercentralismo y sus consecuencias: el burocratismo, la corrupción generalizada, el espíritu cortesano, la ausencia de funcionarios de Estado y de cuadros técnicos de calidad y éticamente comprometidos con el interés del país. 

Asumimos, que la democracia moderna es descentralizada, porque pretende que los pueblos en forma autónoma asuman un rol protagónico. El Perú es una república unitaria y descentralizada. No un país federativo ni centralista. En el orden político, los órganos de poder son los Gobiernos Regionales y Locales, que cuentan con autonomía política, económica y administrativa en los asuntos de su competencia. Sin embargo, tendencias centrífugas han asociado descentralización con federalismo y regionalismo o chauvinismo localista lo que conduce la división y no a la integración. Descentralizar es integrar, uniendo la diversidad. Estas notas pretenden ser una reflexión sobre los obstáculos de la descentralización, pero reconoce que esta reforma avanza porque hay Gobiernos Regionales y Locales democráticos, modernos, conducidos exitosamente por equipos y líderes comprometidos. 

Extrema debilidad de partidos nacionales que articulen al país. No están articulados a las organizaciones políticas y sociales regionales y locales. Los partidos nacionales se han aislado y son básicamente limeños. La debilidad extrema de los partidos nacionales es un obstáculo articular el país y formar líderes políticos, cuadros capacitados y probados en el ejercicio del poder, controlados y fiscalizados por el propio partido. 

Faltan líderes regionales y locales. La carencia de liderazgos ha abierto las puertas a aventureros y audaces, que se organizaron para actuar en la vida pública. Ya en el Gobierno, la falta de conocimientos, experiencias, capacidades y compromiso ético, se ha reflejado en planes de gobierno sin fundamento técnico. Las consecuencias: se malgasta escasos recursos, se aumenta el gasto corriente, se contrata personal por amiguismo y nepotismo, se desmoviliza al pueblo. 

Regionalismo chauvinista, localismo. En la medida que se improvisa, que no hay un plan regional, provincial o distrital vinculado a un proyecto democrático nacional de desarrollo, se acrecienta el regionalismo y el localismo, que se convierte en una deformación chauvinista que conduce a la colisión entre gobiernos regionales, provinciales o distritales contiguos en la disputa por recursos y territorio. La descentralización asumida más como localismo que como integración, refuerza la fragmentación política. La falta de visión y de propuestas, malgasta energías y divide a los pueblos, perdiéndose la perspectiva de lucha por el desarrollo, la consolidación del sistema democrático regional y local, la promoción de la inversión privada y la enorme tarea de impulsar la generación de riqueza. 

Falta de inversiones estratégicas. El populismo en las “inversiones”. Gobiernos que cuentan con importantes recursos, los gastan en proyectos que pretenden ganar fáciles simpatías y votos. De esta forma, pueblos que carecen de agua y desagüe, cuyos niños padecen de desnutrición crónica o que tienen pésima educación, ven cómo sus gobiernos dedican importantes recursos en la construcción de estadios; o cómo remodelan sus respectivas plazas de armas con diseños de dudoso valor histórico y estético, destruyendo veredas para construir veredas.  La falta de inversiones estratégicas implica desaprovechar oportunidades, generar enormes pérdidas para las regiones y el país. Paradójicamente, se pelea por más recursos entre regiones contiguas, se confronta y divide a pueblos que poseen las mismas raíces étnicas-culturales y que padecen los mismos problemas.  

Caciquismo autoritario ajeno a liderazgo democrático regional y local. Sin visión de estadista y con inversiones efectistas se fortalece el caciquismo autoritario. En algunas regiones y localidades, superado el temor a la revocatoria, se reinstala una práctica autoritaria: no se escucha, se impone decisiones y se oculta información. El caciquismo autoritario se manifiesta, también, en populismo demagógico. 

Improvisación de la mano con la corrupción. Candidatos improvisados son gobernantes improvisados y corruptos. La corrupción instalada en el país en todos los niveles y sectores del Estado es uno de los mayores obstáculos de la descentralización, genera desconfianza y violencia en los pueblos, refuerza las tendencias autoritarias y antisistema, pues, algunos ciudadanos, especialmente los más jóvenes, empiezan a sostener que es mejor que “que se vayan todos” para empezar de nuevo. 

Falta de cuadros técnicos de calidad y con compromiso ético. La falta de gerentes, de cuadros técnicos especializados tiene consecuencias en todo el país. Optar por el amiguismo y el nepotismo le resulta muy caro al Perú. Los trabajos se ejecutan mal,  las obras no son eficientemente supervisadas, se pierden recursos, se genera apatía y desconfianza, desmovilizándose las fuerzas que el país requiere para crear riqueza y generar desarrollo.  

Es necesario reformar la descentralización desde las raíces. Se requiere demostrar que la descentralización es una reforma estratégica que fortalece el sistema democrático, que integra a los pueblos, fortalece sus capacidades y su autonomía en la búsqueda del desarrollo, la generación de riqueza y la derrota de la pobreza.

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