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El maestro Don Abilio Soto Yupanqui

Don Abilio Soto Yupanqui, es uno de aquellos personajes que llena de orgullo a cualquier peruano. La guerra interna que sucedió en el Perú, durante la década de los ochenta, lo hizo trasladarse con toda su familia a la costa. Por esas cosas del destino escogió la zona de la Huayrona, en San Juan de Lurigancho, como espacio de residencia. Con ese mismo capricho de hombre trabajador y amor de padre provinciano, levantó su casa e inculcó a sus hijos el amor por la tierra añorada. Mientras ellos crecían les transmitió el mismo arte que le fue enseñado por su padre, no sólo produjo con sus manos hermosos retablos y con la misma pasión que surge de las entrañas del ande compuso hermosa poesía además de reconocidas canciones en su lengua materna el quechua.

 
Tuve la suerte de conocer a uno de sus hijos; Francisco, en esos años, los ochenta; él era director del grupo folclórico llamado Q’enecheru, agrupación reconocida no solo por la calidad de sus músicos, sino por la destacada voz de Willy Arías, era muy emocionante compartir escenarios con agrupaciones como: Siembra, Rocas Vivas, Linyeras, Wayanay, etc.; grupos con mucha actividad en nuestro distrito y en el resto de Lima. Eran tiempos difíciles, en donde interpretar el sentir del pueblo te podía llevar a la cárcel.
 
De esos años tengo los más bellos recuerdos, fue una enorme satisfacción formar “parte” de la familia Soto, proceso que se inició al ser aceptado como pupilo y aprendiz del maestro retablista. En su conjunto, cada miembro de la familia me hizo sentir muy querido, desde la madre de tan digna prole hasta el encanto de cada una de las hijas y de Abelito, el ultimito del clan, supieron calmar en mí las ansias de rebeldía de un joven que empezó con ellos a reconocer el enorme amor por el terruño.
 
Cada clase de retablos era realmente una nueva experiencia, no sólo descubrí los secretos de un tradicional arte, sino también cómo desde allí se puede transmitir y defender la identidad que en ellos existía a su cultura; esos valores día a día me fueron transmitidos, las tardes se acompañaban del carisma del Patriarca Abilio, y también de su magnifica forma interpretativa de los carnavales y huaynos huamanguinos que eran acompañados de su vieja bandolina, nunca olvidaré los graciosos chistes que solía repartir mientras trabajaba y su profunda visión de la realidad del país.
 
Al transcurrir los años sus hijos: Ángel, “Abiquito” y Francisco, migraron a Europa y se encuentran trasmitiendo nuestro arte musical en aquellos lejanos países, me emociona saber que gracias a ellos, existe un pedazo del Perú compartiéndose al mundo. Luzmila, una de las hijas de quien mas cerca estuve, también está lejos y sé que al igual que cada uno de ellos destaca en su profesión.
 
Don Abilio, su esposa e hijos menores retornaron a su Ayacucho querido. Hace unos año tuve la suerte de reencontrarme con ellos, y creo que ese cariño y lo aprendido están de alguna manera homenajeados en estas líneas, no cabe duda que hombres de la talla de Don Abilo Soto Yupanqui son aquellas personas anónimas cuyo trabajo y manos mantienen viva nuestra milenaria cultura y son el pilar para que nuestro país y débil identidad no se derrumben.
 
Abilio Soto Yupanqui. Poeta, compositor, docente, músico, folklorista y artesano ayacuchano, nació en 1941. Obtuvo “La Cantuta de Plata” en 1976, integró los conjuntos musicales “Los Trovadores”, “Los Matutinos” y el elenco de danzas del INC. Como artesano fue premiado por el Concejo Provincial de Huamanga en 1968 y 1981. En la actualidad presta sus servicios en calidad de docente para la Universidad de Huamanga. En SJL, participó como jurado, en varias ocasiones, en los juegos florales y pasacalles que organizó la municipalidad.

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