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Lo que está en juego: La batalla de Lima

La campaña electoral a la alcaldía de Lima ha pasado a una nueva fase. La búsqueda desesperada de un crecimiento en las encuestas, ha llevado al extremo de la humillación a Álex Kouri frente a su homólogo Jaime Bayly. Esta es una clara demostración de la desesperación y de la necesidad de retroceder hacia delante como única salida ante una derrota irremediable.
Esta alternativa ha significado horas de entrenamiento del personaje con el fin de salir del acartonamiento, la robotización, la mirada fría y la voz triste, apagada y monótona; y dar paso a una faceta extraña, desagradable y vulgar para un militante de Opus Dei: contar chistes subidos de tono, hablar de experiencias de prostibularias con el fin de demostrar hombría; contar chistes de homosexuales con el fin de desmentir aquello que está en duda y que en esta etapa de la modernidad no debería dar vergüenza. Salir del clóset le daría tranquilidad e, incluso, ganaría votos. Pero, uno se pregunta ¿es necesaria tanta humillación, rebajarse tanto para lograr el apoyo electoral? ¿Es necesario intentar llorar –“no hay que confiar en hombre que llora ni en mujer que jura”, decían las abuelitas- con el fin de conseguir empatía con el electorado? ¿Todo vale?
Si el mensaje es la campaña, ¿el mensaje consiste en ponerse a los pies de un conductor de televisión que funge de rasero moral con el fin de ganar votos?
Todo eso se puede explicar si encontramos que estamos en la primera batalla, la batalla de Lima que es la que antecede a la batalla por el país, que es lo que está en juego. El 3 de octubre antecede a abril del 2011, en donde se jugará si el país vuelve al oprobio de los 90 o si el país se enrumba hacia un país decente, respetado y respetable en el ámbito internacional.
Es público que existe un alineamiento de fuerzas en dos bandos. El bando del montesinismo que intenta volver al poder luego de una década y, de otro lado, el de las fuerzas democráticas que buscan un país decente. Ponerse al medio es un acto de cobardía, inmoral, o es de una tontería supina.
Nadie puede olvidar que el primer narcotraficante en el país fue Vladimiro Montesinos que hizo el negocio que precipitó la caída del régimen de los 90: cambiar 10 MIL fusiles AKM a las FARC por toneladas de cocaína. El Perú estaba ya en lo que se llama un estado narco. Es decir, desde el Estado se traficaba toneladas de cocaína nada menos con los FARC, los terroristas colombianos. Los que están con el montesinismo y que jugaron a las fuerzas del mal, hoy quieren parecer decentes. Como en las mafias de Chicago, intentan imitar a la gente decente, pero se nota la felonía en la mirada fría, el cálculo político, el cinismo y la política como negociado.
El primer paso para ganar las elecciones del abril del 2011 es, entonces, ganar las elecciones de octubre en Lima para abrir el camino a la amnistía general y la vuelta al poder de los que intentaron convertir al país en un narco estado. ¿Cuántos otros intercambios con las FARC hubo y que no fueron conocidos? ¿Nos hemos olvidado del narco avión presidencial? ¿Hemos olvidado las rumas de millones de billetes en dólares en la siniestra sala del SIN? ¿Hemos olvidado el pedido para que el primo hermano narco salga de la cárcel porque primero está la familia, es decir, el negociado?
Ese es el tema de fondo de las elecciones municipales en Lima. El que quiere entender que entienda.
Frente a una situación tan grave, es necesario que las fuerzas decentes, honestas, transparentes de la política peruana, actúen con inteligencia, firmeza y decisión. El Perú no puede retroceder y volver a la imagen internacional de un país como el Chávez, aliado de las FARC. Aquí se comerció con el terrorismo de las FARC a cambio de cocaína y eso no lo podemos olvidar.
En un acto de transparencia y decencia, Lourdes Flores ha presentado toda la documentación sobre sus ingresos profesionales. Ha puesto los papeles sobre la mesa. Sin embargo los fariseos no están satisfechos. Ellos como en los 90 hacen terrorismo de imagen y buscan la deshonra de las personas decentes pues en un mecanismo de proyección piensan que todos son como ellos
El reto cae, entonces, en los contendores a la alcaldía de Lima y a los que pretenden la presidencia de la república: ¿De qué viven? ¿Cuáles son sus ingresos? ¿Cuál es su patrimonio? ¿Cuáles son sus propiedades? ¿Cómo pueden educar a sus hijos en los colegios más caros de Lima y no tienen siquiera una tarjeta de crédito? ¿Cómo es que no tienen bienes que se puedan embargar? ¿A nombre de quién están esos bienes? ¿Por qué no tienen un solo bien propio? ¿Cómo demuestran coherencia entre sus ingresos y sus gastos? ¿Estaremos, nuevamente, frente a gastos de cientos de miles de dólares en educación mientras no cuentan siquiera con una tarjeta de crédito? ¿No es ese el método que usan los que lavan dinero?
La campaña política, ha ingresado a etapa caliente. El estilo, el método, la consigna del “miente-miente que algo queda” de los nazis y los sociópatas criollos será la tónica de esta etapa de la campaña electoral.
Los ciudadanos deben estar alertas. En política nada ocurre por casualidad. Las campañas desesperadas de terrorismo de imagen y de demolición política se han abierto paso. La reserva moral del país está advertida. Si hay algunos tontos inútiles que quieren hacerse el juego, allá ellos.
La historia no se puede repetir. Una década de crecimiento económico y de enormes sacrificios de los peruanos no se pueden echar por la borda. El ciudadano tiene la palabra y el voto.

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